En entrevista con En Voz Alta, Marcia Yazbek —líder gremial, abogada y exvicepresidenta de la Cámara de Comercio de Quito— dejó una idea clara: la violencia contra las mujeres no solo destruye vidas, también afecta directamente al crecimiento económico del país. Su mensaje es contundente: ignorar este problema tiene un costo altísimo, humano y financiero, y el sector privado tiene un rol clave en la solución.
Yazbek conoce este territorio de primera mano. Desde hace casi quince años trabaja en temas de equidad de género, impulsando liderazgo femenino y visibilizando las brechas que frenan el desarrollo de millones de mujeres en Ecuador. Su experiencia en espacios gremiales —tradicionalmente dominados por hombres— la llevó a preguntarse por qué, si las mujeres no son una minoría, seguían tratándose como tal en la toma de decisiones.
Ese cuestionamiento sembró la semilla de Mujeres por el Ecuador, una organización que busca fortalecer el liderazgo empresarial femenino, crear redes, impulsar formación ejecutiva y abrir puertas para que más mujeres accedan a espacios de alto nivel.
El origen de Mujeres por el Ecuador
Su trabajo inició en la Comisión de Género de la Cámara de Comercio de Quito, que entonces agrupaba temas de “género y minorías”. Yazbek fue directa: “¿Desde cuándo somos minorías?”
Con esa frase empezó a reestructurar la visión del gremio, colocando sobre la mesa las brechas laborales, los obstáculos para el crecimiento profesional y la falta de oportunidades que enfrentan las mujeres.
Uno de los primeros hallazgos fue determinante: en Ecuador, la mayoría de mujeres que emprenden se quedan atrapadas en la microempresa. Salir de ahí —pasar de micro a pequeña, de pequeña a mediana y luego a grande— es un salto que pocas logran. Y cuando llegaron los estudios, la razón se volvió evidente.
Cuando la violencia golpea también la economía
Un estudio realizado junto con la GIZ reveló un dato alarmante: la violencia de género afecta directamente las ventas, la productividad y hasta el cumplimiento de créditos de mujeres emprendedoras. La violencia no solo lastima, también empobrece.
A partir de investigaciones nacionales e internacionales (McKinsey, Harvard, BCG, Catalyst, GIZ), hoy sabemos que:
- La violencia le cuesta al Ecuador cerca de USD 4.800 millones al año.
- Es una pérdida equivalente a todas las remesas enviadas al país por migrantes, o casi al presupuesto total de compras públicas.
- Más de USD 1.800 millones se pierden en medianas y grandes empresas debido a ausencias, baja productividad y rotación.
- El Estado pierde alrededor del 11% del total.
- El impacto en micro y pequeñas empresas —donde las mujeres son entre 33% y 45% según el sector— aún no está completamente medido, pero se sabe que es grave.
Yazbek lo resume así: “Todos perdemos”.
¿Qué puede hacer el sector privado?
Para la líder gremial, el paso siguiente es claro: las empresas deben asumir el tema como una prioridad estratégica. La prevención no puede quedarse solo en discursos, debe traducirse en acciones concretas.
Entre las recomendaciones clave destacan:
- Crear protocolos internos de prevención y actuación, con rutas claras para casos de violencia.
- Capacitar a líderes y mandos medios, que suelen ser el primer punto de contacto de una mujer que pide ayuda.
- Establecer convenios con instituciones especializadas para atención psicológica y legal.
- Promover entornos laborales seguros, donde la igualdad sea norma y no excepción.
- Incluir más mujeres en cargos de decisión, porque esto reduce brechas y mejora la cultura organizacional.
Según Yazbek, estas medidas no solo salvan vidas; también fortalecen la productividad, reducen costos y generan empresas más competitivas.
Un llamado a la acción
Mujeres por el Ecuador sigue creciendo: quiere ampliar alianzas, expandirse a nivel regional y sumar a más mujeres en posiciones de liderazgo. Pero Yazbek insiste en que el verdadero cambio requiere voluntad colectiva.
“Necesitamos que quienes dirigen las compañías —propietarios y directivos— se comprometan. Solo así podremos cambiar estas realidades”.
La violencia contra las mujeres es, sin duda, una tragedia humana. Pero también es un problema económico urgente. Y si el sector privado decide actuar, el país entero gana.




