Kashpaim: Otra condecoración al Ministro de Salud

Viajar por la Amazonía siempre resultará seductor por sus paisajes, su clima, por el contacto con lo natural y todavía más por interactuar con su gente: Achuars, Andoas, Cofánes, Huaoranís, Secoyas, Shiwiaras, Shuaras, Sionas, Záparas y Kichwas. Todos ellos repartidos en las provincias de Sucumbíos, Napo, Orellana, Pastaza, Morona Santiago y Zamora Chinchipe.

En esos lugares, el país que pensamos existe, es una gran mentira. La presencia del Estado es casi nula, la educación es primitiva y la atención médica un paño frío e insuficiente.

Tras la cordillera del Cutucu, en la provincia de Morona Santiago, viven miles de personas. Hoy hablaré de uno de estos lugares, que es el ejemplo de cómo viven las otras comunidades.

¿Han escuchado hablar de Kashpaim? Es una comunidad perteneciente a la Provincia de Morona Santiago, cuenta 1.055 habitantes, que se dedican a la pesca, casería y agricultura, básicamente, para su propia alimentación. Poseen luz eléctrica, pero no agua potable. El liquido vital lo toman del río.

Llegar a este lugar es una aventura. El viaje de Macas a Puerto Morona es de seis horas en bus, luego esperar algunas horas para tomar una Canoa “Peque”, para un viaje de una hora y luego una caminata por la selva hasta llegar a Kashpaim.

Durante meses hemos hablado y criticado las ejecutorias del Ministerio de Salud, su trabajo en la pandemia, sus datos estadísticos, el número de muertes por Covid-19, la desvinculación de personal médico, la falta de insumos para su protección, la corrupción, los sobreprecios, el plan de vacunación, la inmunización a personas e instituciones por fuera del plan y en las últimas semanas de la ausencia de vacunas del esquema nacional de vacunación. Pero la realidad en estos lugares es aún más dramática.

Su centro médico, una casa de madera con techo de zinc, carece de todo. En estas instalaciones sería imposible traer a la vida a una criatura, peor realizar una intervención quirúrgica menor. Este puesto es atendido por un médico y una enfermera que deben hacer su Rural y que se relevan cada año. El Estado les da una esquina para dormir, la cual deben implementar trayendo sus cosas (colchón, sábanas, mosquitero, entre otros). El baño revela lo poco que le importa al Gobierno la salud y bienestar de sus médicos.

Las dolencias más comunes en los niños de este lugar son la desnutrición y los parásitos, y en los adultos la gastritis. Aunque sin un laboratorio es muy difícil diagnosticar los problemas. Por ello lo que más hay es paracetamol para quitar el dolor de cualquier problema.

La población nos cuenta que especialistas médicos no han ido en años y no saben lo que es un odontólogo, pediatra, ginecólogo, nutricionista, psicólogo. Es decir, no existe política de salud preventiva.

Las vacunas del esquema nacional de vacunación no llegan a estos lugares. De hecho casi todas las madres con niños menores de dos años, ni siquiera saben sobre la importancia de la vacunación y cuando los médicos de centro de salud les comentan que deben sacar a sus hijos a vacunar ellas dicen que eso cuesta mucho dinero y no tienen plata para el transporte. Es que salir y entrar de ese lugar puede costar unos USD 50, eso sin quedarse a dormir un día en la ciudad ni comer.

Esa es la realidad de tan solo un lugar en ese Ecuador profundo, de ese país pobre, olvidado, al que muchos creen conocer porque fueron de paseo a las cabeceras cantonales. Ese país que vive y sobrevive por inercia, donde la mortalidad infantil crece y los índices de desnutrición ni siquiera son parte de una estadística.

Si tienen decepción del país y su sistema de salud por lo que leen y ven en los medios no están ni cerca de lo que en realidad es el país lejos de las grandes ciudades.

El sistema de salud en un país debe ser integral, no solo donde van las cámaras, pensar en la condición socioeconómica de poblaciones pobres para llegar con salud preventiva. El Ministerio de Salud fue sobrepasado en todas sus líneas, no ha sido capaz de cuidar las bodegas en los hospitales grandes, ni los recursos que se han ido como agua en contratados señalados con sobreprecio. Si cada una de estas acciones negativas fueran condecoradas, el Ministro Juan Carlos Zevallos y su cartera tendrían el pecho llena de ellas.