Por: María Eugenia Molina. Doctora Ph.D. en Comunicación. Consultora, académica
La puesta en escena de la banda Mugre Sur en la que se ahorcaba a una imagen elaborada en cartón del presidente de la República durante el Quitofest 2024 ha causado distintas reacciones en la ciudadanía, unas que van desde el rechazo total, pasando por quienes opinan que fue parte del espectáculo, y quienes la defienden desde el cansancio de la gente frente a las condiciones de violencia, falta de oportunidades, carencia de servicios básicos, etc., por la que pasamos los ecuatorianos.
No obstante, es fundamental procurar algunas líneas argumentales que nos permitan contar con mayores elementos para analizar lo que sucedió en el escenario, es clave entender que lo que hizo la banda es una performance, es decir, una puesta en escena mediante la cual emitió su mensaje en medio de su presentación ante miles de espectadores que se dieron cita en el parque Bicentenario.
Si entendemos a un escenario como el sitio donde los artistas pueden expresarse, diremos que, efectivamente, es el lugar donde las formas de enunciación son posibles, el timing está estructurado para las escenificaciones y los públicos están predispuestos a ver en acción las representaciones habitando esos espacios, mediante lenguaje verbal y no verbal, una performance es, precisamente, la simbiosis entre los presentes, porque de esa manera se construye una obra.
Los procesos socioculturales se van transformando, escenificando según lo hace la vida de la sociedad, desde esa arista defender una tesis de que lo presentado en escena no fue correcto, es no terminar de comprender, desde la episteme, los símbolos que acarrea la contracultura, recordemos que lo que hizo la banda es una representación, un simbolismo hacia el statu quo con el que no están de acuerdo, el hartazgo ante lo que se vive. En una sociedad coexisten diferentes formas de pensamiento y de expresión, si vamos a la esencia de este festival es, precisamente, la posibilidad de que estas disidencias puedan manifestarse y cada uno tiene el derecho de converger o disentir con lo que la agrupación musical propuso, lo que no puede estar en discusión en un régimen democrático es que el establishment impida o castigue tales manifestaciones, más allá de quien ostente el poder.
Una performance, cualquiera que sea, está íntimamente ligada con la vida social, con lo cotidiano, con aquello que ocurre y que, tal vez, no tenga otro modo de ser expresado que en un evento en el que se entendería que es, justamente, para poder manifestar el descontento ante todo lo que se vive, pues, nuevamente, el personaje al que ahorcan es un símbolo de las situaciones de crisis por las que transitan los habitantes y que para muchos se vuelve insostenible.
La performance es, de varias maneras, comunicación, pues está constituida como parte de los actos del habla, su capacidad perlocutiva (el efecto que producen en quienes escuchan/ven el mensaje) de tal forma, una performance es un modo de comunicación y de construcción de sentido; y, es crítica porque utiliza una manifestación artística para llegar a los públicos que reaccionan de variadas maneras, lo emocional es parte fundamental de este abordaje, pero también las razones por las cuales se sienten identificados con la puesta en escena.
Las realidades son problematizadas mediante puestas en escena que son parte del arte, las formas utilizadas son para unos acertadas, para otros adecuadas, para otros equivocadas, pero lo que sí es cierto es que son parte de la expresión de la sociedad, como lo dijo el teórico Richard Schechner, las performances…provocan transformaciones en quienes las realizan…cuentan historias.
Una puesta en escena contiene numerosos elementos que se conjugan en narrativas con las que se puede o no estar de acuerdo, pero es necesario entender qué es lo que se vio en el Quitofest y por qué debe ser entendido como parte de una manifestación cultural y política; todos los seres humanos somos políticos, no todos hacemos política partidista, pero la posibilidad y derecho a la expresión, consagrada en la Constitución deberá ser garantizada por nuestras autoridades, que el timing electoral no sea el motivo para dejar de mirar de modo amplio todo lo que implican las diferentes culturas.
La opinión de María Eugenia Molina