Por: Héctor Calderón
El último impasse entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos nos demuestran una vez más como una misma noticia puede tener varios enfoques. Si revisamos los medios de comunicación, nacionales e internacionales, alineados a la derecha y los grupos económicos; vamos a ver como los titulares hablan de una rendición del presidente de Colombia, vamos a leer críticas a la postura de Gustavo Petro y odas a la posición de Donald Trump frente a la migración y la deportación.
Por su parte, si consumimos medios con visión progresista, de izquierda; vamos a leer notas donde nos hablen de dignidad, de imperialismo. Vamos a ver titulares en los que se destaque a Petro por enfrentar al poder norteamericano, se convertirá en un “héroe antiyanqui”, mientras que Trump será calificado como déspota y autoritario.
El sesgo y la alineación de los medios con los diferentes grupos de poder ha provocado que, cada vez, sea más difícil encontrar rigurosidad e imparcialidad en los productos informativos que recibimos. Estas visiones dispares hacen que la interpretación que la gente haga de esos hechos también sea distinta, pero no desde la subjetividad e individualidad de cada uno, sino desde la información parcial y fragmentada que nos genera una conceptualización equívoca del hecho. Esta “diferencia” de visiones ha ahondado más la polarización en la que nos encontramos. No hay grises, es blanco o negro, es derecha o izquierda, es neoliberal o progresista, es bueno o malo.
En el Ecuador la situación es similar. El enfoque noticioso depende del medio y su línea política, los relatos se cuentan a conveniencia y las realidades se construyen en base a verdades incompletas. En el medio, una ciudadanía presa de esta polarización y confrontación permanente. ¿Se debe poner a todos en la misma bolsa? Claro que no. Todavía hay medios, sobre todos los alternativos, y periodistas que ejercen el oficio con responsabilidad. Estos profesionales y espacios, inclusive, son descalificados por sus pares pues se convierten en una tercera vía que rompe, o intenta romper, ese sesgo y división.
Hay un desafío enorme para recuperar el rigor y la pluralidad que deberían tener los medios y colegas. La esencia del periodismo debería ser convertirse en un contrapeso del poder, buscar la verdad y propiciar el bien común. Que tengamos una sociedad informada, permitirá tener una ciudadanía consciente de la realidad y una población capaz de crear su propio criterio con tolerancia, sentido común y responsabilidad social.
La opinión de Héctor Calderón