Entre las pasiones y el recelo

Por: Esteban Ávila

I

La pasión nubla exageradamente el panorama cuando se debate sobre la presencia de jugadores nacionalizados en la Selección. La perspectiva deportiva y jurídica queda aislada por favoritismos, simpatías y antipatías.

¿Cuál es la realidad JURÍDICA del nacionalizado?  Si cumple con lo que estipula FIFA (presencia de 5 años en el país, ininterrumpida durante al menos seis meses cada año calendario y obtención del título de naturalización) el jugador puede actuar. Sencillo como eso.

¿Cuál es la realidad DEPORTIVA del nacionalizado? Su presencia desvirtúa el proceso natural de cualquier selección. Es decirles a los jugadores de 12, 13 años que por más que hagan su esfuerzo, se formen adecuadamente, compitan y asciendan en las diferentes selecciones menores, van a estar SIEMPRE en desventaja frente a su colega de más de 30 años, que llegó al Ecuador traído por el vaivén de la carrera, casi siempre sin proceso de selecciones menores y cuyo arraigo a este país se fundamenta en un decreto de nacionalización “por servicios relevantes”.

No es una cuestión de “nacionalismo”. Simplemente, el fútbol local y su estructura pierden frente a un modus operandi que busca satisfacer una necesidad del momento, por encima de sembrar a mediano y largo plazo.

Por tal razón, he propuesto que desaparezcan las divisiones menores del país y que ese dinero sirva para financiar a los mejores scouts del mundo. Que busquen en todo el globo cracks de 20 años, que los traigan y sean distribuidos en los clubes del Ecuador con carta de nacionalización “por servicios relevantes” en mano. Cinco años después, ya pueden jugar por la Selección. Seríamos imbatibles, poderosos, irreductibles.

II

La polémica de los nacionalizados ha servido para calentar el ambiente de las Eliminatorias pandémicas. Los protocolos médicos, llenos de pretendida esterilidad, han marcado una distancia con las emociones que solíamos ver en épocas pasadas. La falta de público en los estadios, hecho que será subsanado en noviembre, le quitará calor humano, pero nunca competitivo.

¿Qué puede pasar en Buenos Aires? Ecuador debería perder. La virgen no aparece dos veces y ya se dejó ver en el 2015, en el estadio Monumental de River Plate. Los errores cometidos con el affaire Cruyff van a empezar a castigar fuerte. El mismo Gustavo Alfaro ha reconocido que tiene “una suma de voluntades” y no un equipo. Y la fortaleza de Ecuador siempre ha sido colectiva, porque las individualidades realmente influyentes han sido escasas a lo largo de la historia.

La segunda fecha será en Quito, donde las aspiraciones siempre han sido más reales. En el todos contra todos, Uruguay solamente ganó una vez en Quito (aquel doloroso partido del 2009) e históricamente ha manejado con respeto su presencia en la altitud. Hay opciones de sumar, que dependerán mucho del énfasis que Alfaro le brinde a la localía. Él mismo ya ha dirigido antes en el estadio Rodrigo Paz y pasó del abismo (1-6 con Arsenal, Libertadores 2008) a la cumbre (3-0 con Boca, Libertadores 2019). Que pueda repetir esta última faena, como para equilibrar lo que seguramente pasará en Buenos Aires.

Alfaro como DT de Selección, el alcance de sus jugadores elegidos y el mismo ambiente de estas Eliminatorias tan extrañas son aún una incógnita. Más que con emoción y expectativa, miro estas Eliminatorias con recelo.