OPINIÓN PORTADA

Cada ser humano, un reto | Opinión

Por: Andrea Velásquez, docente de Marca Personal y Media Training

A lo largo de este ciclo académico, he tenido el privilegio de acompañar a un grupo excepcional de estudiantes de sexto ciclo de Comunicación de la UTPL y en lo que he podido desde mi asignatura, Marca Personal y Media Training en un reto transformador: el Reto UTPL Loja Recicla. Este camino no solo ha sido un ejercicio académico, sino también un viaje profundamente humano, lleno de aprendizajes, descubrimientos y crecimiento.

En cada uno de los perfiles que se presentaron, vi mucho más que habilidades, competencias o logros. Vi seres humanos con historias que contar, con virtudes que celebrar y desafíos que enfrentar. Cada estudiante llegó a este reto con un trasfondo único: unos desbordaban entusiasmo, otros lidiaban con inseguridades, y muchos demostraban una fortaleza admirable frente a la adversidad. Esa diversidad emocional y personal es, sin duda, lo que nutre nuestro aprendizaje y me llena de gratitud.

Cada uno de mis estudiantes llegó a este reto con un cúmulo de vivencias: retos familiares, sueños aplazados, fracasos que dolieron, y aprendizajes que marcaron su camino. Un aspecto que ha resonado profundamente en mí es la importancia de entender que detrás de cada perfil, cada presentación, hay una vida llena de experiencias, emociones y silencios que también comunican.

Como docentes, tenemos la responsabilidad ética de mirar más allá del currículo, de escuchar lo que no se dice en voz alta y de acompañar con empatía. He aprendido que cuando se colocan frente a un escenario, no solo representan un proyecto: están poniendo en escena su historia, sus anhelos y temores. Y eso exige de nosotros una mirada más humana, más sensible, más real.

Guiar a un estudiante en su formación profesional también implica acompañarlo en la búsqueda de su propósito personal. Para que una persona logre conectar con su objetivo de vida y alinearlo con el mundo que la rodea, necesita sentirse comprendida, escuchada y valorada en su singularidad. Conocer sus miedos, anhelos, dudas e ilusiones no solo fortalece la relación docente-estudiante, sino que permite construir un proceso formativo con sentido. Solo así se puede despertar una vocación auténtica, una pasión genuina por transformar realidades. Porque cuando un ser humano encuentra su “para qué”, su talento se convierte en servicio y su vida cobra dirección.

Este desafío no fue un esfuerzo aislado. Tuve el honor de trabajar junto a otros docentes comprometidos, cada uno aportando sus conocimientos y habilidades para ayudar a estos talentosos estudiantes a brillar. Juntos intentamos sacar lo mejor de ellos, fomentando su creatividad, pensamiento crítico y confianza. Esta colaboración multidisciplinaria les brindó las herramientas necesarias para abordar el reto con mayor seguridad y visión.

Me siento inmensamente orgullosa de cada uno de ellos. Cada paso que dieron en este reto fue un triunfo, no solo personal, sino también colectivo. Ser docente implica tener la responsabilidad y el privilegio de guiar y aportar en la vida de nuestros estudiantes. En este ciclo, he sido testigo de su crecimiento, de su evolución y de su valentía. Si logré tocar su corazón, aunque sea un poco, me doy por satisfecha. Porque el aprendizaje va más allá del contenido: también es afecto, escucha y reconocimiento.

No obstante, ser guía también implica ser firme cuando es necesario, sostener cuando hay caídas, y encender pequeñas luces cuando todo parece oscuro. Enseñar es también acompañar en los momentos más inciertos, recordando que nosotros también somos personas con historias, con dudas, con trayectorias imperfectas. Esa es, quizás, la parte más compleja y más hermosa de esta vocación.

Hoy, mientras celebramos el cierre de este ciclo, reafirmo mi compromiso de seguir reconociendo y cultivando el potencial humano que habita en cada estudiante. Me llevo sus historias como semillas de inspiración y esperanza. Porque enseñar es, al final del día, una forma de sembrar humanidad.

Seamos felices por los seres humanos que hay detrás de cada perfil, por las historias que aún tenemos por contar y por los caminos que, con suerte seguiremos recorriendo juntos.

Cada ser humano, un reto. Gracias por enseñarme tanto.

La opinión de Andrea Velásquez

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