Por: Héctor Calderón
El Tsunami sí llegará a Ecuador, pero no el de la alerta generada tras el terremoto en Rusia, sino por el que se provoca desde Carondelet con este cuento de la búsqueda de la eficiencia del Estado.
Como ya es costumbre, todos los anuncios del gobierno de Noboa vienen acompañados de dudas e incongruencias. Los voceros gubernamentales, los oficiales y los pautados, han justificado los 5 mil despidos con la supuesta ineficiencia, dando a entender que los cesados eran malos funcionarios. Pero la realidad es otra. Cada vez aparecen más historias y testimonios donde se evidencia que la decisión de a quien despedir fue una ruleta rusa, a dedo, y sin ninguna valoración ni análisis técnico. Lo único que está haciendo el gobierno es cumplir la receta del FMI sin ningún plan para hacer al Estado más eficiente.
Las fusiones de los ministerios resultan hasta ridículas. Juntar a Energía con Ambiente es un claro ejemplo del desinterés de Noboa por fortalecer la política ambiental y luchar contra el extrativismo. No se diga del ministerio de Educación, que ahora será de Cultura, Deporte y a eso súmenle la Educación Superior, la ciencia, la tecnología. Si el objetivo es ser más eficientes, cómo una sola cartera de Estado podrá encargarse, por ejemplo, de que no exista deserción escolar, de la política del deporte de alto rendimiento, de la distribución de recursos a las universidades, del impulso y democratización de la cultura. Todos temas muy importantes y necesarios para combatir a la inseguridad y el crimen organizado. ¿Cómo evitamos que los jóvenes vean las bandas como una opción? Ofreciéndoles alternativas como la educación, el deporte, la cultura. ¿Dónde está la tal eficiencia?
Noboa sigue demostrando su desinterés por erradicar la violencia de género y fortalecer los derechos de niñas y mujeres. Ahora, terminó, definitivamente, con el ministerio de la Mujer, uno de los símbolos de la lucha feminista por lograr equidad, inclusión y justicia social.
Y así podríamos seguir analizando cada caso. Claro que necesitamos un Estado eficiente y fortalecido; pero eso no se obtiene despidiendo gente y peor a dedo. Lo que urge es que frente a las instituciones estén personas cuyo interés sea el bien común, que no respondan a intereses particulares y tengan vocación de servicio.
Como en todo lado, en lo público y privado, hay que ajustar procesos, hacer cambios; pero dejemos de estigmatizar a la burocracia. Los servidores públicos sostienen el Estado, son quienes proveen los servicios a la ciudadanía y con los despidos masivos lo único que se está haciendo, es debilitarlo.
La guerra contra el crimen organizado y la pobreza no se la va a ganar con los militares en las calles, se la va a ganar cuando nuestros niños, niñas y jóvenes tengan oportunidades de estudiar, de hacer deporte, de tener acceso a la cultura; y, esto, únicamente, se logrará con un Estado con instituciones sólidas, personal eficiente y preparado y, principalmente, con un Gobierno que tenga la voluntad política de buscar el bien común.
La opinión de Héctor Calderón




