Por: Andrea Velásquez, docente e investigadora en Comunicación – UTPL
Las pausas de hidratación se han convertido en uno de los temas más debatidos del Mundial 2026. Oficialmente, la FIFA las implementó para proteger la salud de los futbolistas frente a las altas temperaturas que pueden registrarse, en este caso en Estados Unidos, México y Canadá. Sin embargo, entrenadores, jugadores, periodistas y aficionados han cuestionado su aplicación obligatoria en todos los partidos, incluso en estadios techados o con temperaturas moderadas. Además del debate deportivo, también ha surgido una discusión sobre su impacto comercial, pues estos espacios representan nuevas oportunidades para la publicidad durante las transmisiones, aunque la FIFA insiste en que la medida responde exclusivamente a criterios deportivos y de bienestar.
Desde el marketing, este fenómeno resulta especialmente interesante porque demuestra cómo una decisión reglamentaria puede transformar la experiencia del espectáculo, abrir nuevos espacios para los anunciantes y generar conversaciones globales que fortalecen la visibilidad de las marcas patrocinadoras.En el deporte moderno, nada se analiza desde una sola perspectiva: salud, rendimiento, espectáculo, audiencias y negocio conviven en una misma cancha. Por eso, en esta ocasión no incluiré cifras ni datos estadísticos, prefiero esperar a que concluya el Mundial para analizarlo con mayor amplitud y, a partir de indicadores concretos, dimensionar lo que esta Copa del Mundo representa como un verdadero laboratorio vivo de marketing, publicidad y comunicación.
Pero hoy no quiero hablar únicamente de las pausas de hidratación en el fútbol. Quiero hablar de Ecuador. Como aficionada, como persona que está cerca de la comunicación y como alguien que ha seguido durante años la historia de nuestra selección, nuestra TRI, considero que esta ha sido una de las participaciones mundialistas más decepcionantes que he vivido. No soy analista táctica ni entrenadora, pero sí creo en los procesos, en el liderazgo y en la comunicación como factores determinantes para el éxito de cualquier organización, también de una selección nacional.
Llegamos a este Mundial con una generación que muchos calificaban como la más talentosa de nuestra historia reciente. Futbolistas como Moisés Caicedo, William Pacho o Piero Hincapié brillan cada fin de semana en algunas de las ligas más competitivas del mundo. Sin embargo, el rendimiento colectivo estuvo muy por debajo de las expectativas.
Desde mi perspectiva, hubo errores en distintos niveles: decisiones dirigenciales discutibles, un cuerpo técnico que nunca logró potenciar las fortalezas del plantel y un entorno comunicacional que, en algunos momentos, alimentó expectativas desproporcionadas. Cuando las expectativas crecen sin suficiente sustento, la caída suele ser más dolorosa.
A ello se sumó otro fenómeno propio de nuestra época: las redes sociales o medios sociales. Tras la eliminación aparecieron el odio, la desinformación y los ataques personales contra jugadores y cuerpo técnico. Durante el encuentro frente a México también se registraron incidentes de discriminación y expresiones racistas por parte de algunos aficionados, hechos que recuerdan que el fútbol todavía tiene importantes desafíos fuera de la cancha.
Sin embargo, también hay algo que merece ser reconocido. La hinchada ecuatoriana volvió a demostrar que acompaña a su selección incluso en los momentos más difíciles. Tres estadios teñidos de amarillo hablan de un país que sigue creyendo, que sigue viajando y que continúa apoyando a su equipo pese a la frustración.
Por eso pienso que Ecuador necesita su propia pausa de hidratación. No una pausa para detener el juego, sino para reflexionar. Para revisar procesos, fortalecer el liderazgo, replantear decisiones y construir un proyecto deportivo con visión de largo plazo. Una pausa que permita recuperar la confianza sin caer en el triunfalismo ni en el pesimismo.
El fútbol, como la vida, también necesita momentos para respirar antes de volver a competir.Y quizá nosotros, como aficionados, también necesitemos esa pausa. Para recordar que detrás de cada camiseta hay seres humanos que conviven con una presión enorme. La crítica es necesaria; el odio nunca lo será.
Seguiremos creyendo en Ecuador. Apoyar a la selección no significa conformarse con los resultados, sino exigir que el próximo proceso esté a la altura del talento que sí tenemos. Y esa, más que una pausa de hidratación, puede ser la mejor inversión para el futuro de nuestro fútbol.




