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Brasil, el gigante sudamericano y su errático manejo de la pandemia

Por: Ph. D © María Eugenia Molina (Experta en Comunicación Estratégica / Docente Universitaria)

El país más grande de Sudamérica, tanto en población como en extensión, es también el más golpeado por la pandemia del coronavirus. El otrora coloso latinoamericano y con una de las 10 economías más importantes del mundo, hoy se ha convertido en “una amenaza para la salud pública mundial”. Así lo dice categóricamente el epidemiólogo Pedro Hallal, quien trabaja en el Estado de Rio Grande do Sul, cuya capital es la populosa ciudad de Porto Alegre en la frontera sur del país, y remarca que es un peligro para los países fronterizos y para la región en general. El experto, en entrevista con la BBC, muestra una cifra absolutamente decidora: “21% de todas las muertes ocurridas en el mundo el 9 de marzo debido al Covid-19 ocurrieron en Brasil, un país que representa el 2,7% de la población mundial.

Pero, ¿Cuáles son las causas para que Brasil hoy se encuentre en esta situación? Es importante manifestar que una crisis, más aún, una de tan alta trascendencia, siempre es multicausal. No hay un solo motivo para que se desencadene, son muchos; varios de los cuales, por lo general, están disimulados o evadidos por las autoridades y se potencian con la llegada de emergencias, sobre todo una de las características de pandemia global como la que estamos transitando. En ese marco el presidente brasileño, Jair Bolsonaro se convirtió en uno de los más fuertes negacionistas de la enfermedad, a pesar de la gravedad de la crisis en varios países de Asia y Europa; y en nuestra misma América, prefirió desmarcarse de su responsabilidad como mandatario y decir que la enfermedad “é uma gripezinha” (una gripe sin menor importancia), frase que fue dicha por él en marzo de 2020, con la que restó importancia de manera contundente a la terrible crisis que desde allí hasta estos días sufre ese país.

No podemos dejar de remarcar que cuando la autoridad muestra un comportamiento relajado e irresponsable, rutiniza el riesgo y como efecto, la población también se relaja, pues percibe que el gobierno no le escucha, ni está en sintonía con sus necesidades. Ello lleva a una fase de apatía, desorganización y quemeimportismo, tanto con la propia salud, como con la de los demás, ya que si “el líder” transgrede las recomendaciones, igual lo pueden hacer sus seguidores. No perdamos de vista que la misma complejidad de la crisis, aunada a la posición del mandatario, hace que la ciudadanía pase por estados de exacerbación de sus emociones y que si no hay consistencia, soporte y gestión al más alto nivel, las consecuencias son, precisamente tener alrededor de 3.000 muertes diarias como ha sucedido en la última semana.

A este negacionismo de Bolsonaro, hay que añadirle la desinformación que generaron en la población, cuando él secundado por algunos miembros de su equipo más cercano, pasando por sobre los estudios y avances científicos en torno al tema: “recetan” hidroxicloroquina e ivermectina para curarse, al tiempo que han acusado a los científicos, médicos y hasta a los medios de comunicación de causar una alarma innecesaria y ha convocado a sus seguidores a días de ayuno y oración para “liberar a Brasil del mal” (Infobae , 2020/04/04); de hecho, él mismo rompió su propia cuarentena en medio de su contagio de Covid-19 y siguió realizando proselitismo; sus seguidores -porque es innegable que aún los tiene- han replicado sus aseveraciones y atribuyen la “alarma” a quienes quieren ir contra del establishment conseguido por su líder.

Las cifras oficiales reportan 12’490.362 casos de contagio y 310.550 muertes al 27 de marzo de 2021, según la página https://covid.saude.gov.br/. Sin embargo, estos erráticos manejos no terminan aquí. Al contrario, al reconocerse Bolsonaro como antivacunas, no ha dado los pasos necesarios para gestionar la llegada de ellas para inocular a su población, que desarrolló una de las variantes más contagiosas y graves de la enfermedad y que les tiene con su sistema de salud colapsado, médicos cansados en extremo y gobernadores estaduales que hacen lo que está a su alcance para apoyar a sus ciudadanos, pero que, sin el contingente del Estado central, se vuelve sumamente difícil. En tal sentido, los expertos coinciden en señalar que Brasil pasa por los peores momentos de la pandemia, solo superado por Estados Unidos en cuanto a número de muertes por la enfermedad de Covid-19, hasta ahora.

En lo referente a la comunicación gubernamental “es más probable que reine el pánico cuando las autoridades, justamente para conjurarlo, no hablan con la franqueza que deberían” (Sandman, 2006). En el caso de Brasil esta cita es más que clara, y añado, las autoridades comunican como gobiernan, más aún, cuando está al frente del gigante sudamericano, un populista que no solo no conoce sobre los temas, sino lo que es más grave, no permite que le asesoren y con sus actitudes y discurso muestra todo lo contrario a lo que recomiendan los expertos. Un país que tiene algo más de 210’000.000 de habitantes, con una tasa de vacunación de alrededor de 4’000.000 (dos dosis) que constituye el 1.86%, según datosmacro.com, lo que representa una tasa muy baja, es un caldo de cultivo para que los riesgos y las crisis se mantengan y se diseminen a los países vecinos.

Recordemos que esta pandemia nos ha demostrado que no hay frontera que no pueda traspasar.