Por: Andrea Velásquez, docente de Marca Personal y Media Training
Vivimos en un Ecuador profundamente polarizado, donde los discursos se radicalizan y el pensamiento crítico escasea. Las redes sociales (medios sociales), si bien han democratizado la posibilidad de expresar opiniones, también han amplificado la desinformación y la intolerancia. En este contexto, la comunicación gubernamental no solo debe informar, sino también construir puentes, generar confianza y promover el diálogo social. Sin embargo, esto requiere una estrategia clara, ética y profesional.
Recientemente, la figura de la nueva vocera del Gobierno de Daniel Noboa ha generado expectativas en torno a una mejor comunicación. Aunque ha solventado en parte algunos vacíos, su actuación evidencia lo mucho que aún falta por construir para lograr una verdadera vocería estratégica, coherente y empática. Una vocera no debe ser solo un rostro visible, sino una gestora del discurso institucional con preparación, criterio y una narrativa que conecte con las distintas realidades del país.
En un artículo que escribí hace un par de años junto a colegas del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UTPL, subrayamos que “el comunicador debe estar capacitado para cumplir con estrategias que puedan contrarrestar las crisis, ya que el propósito de todo Gobierno es realizar una comunicación adecuada de su gestión, en función de las necesidades de la comunidad” (Paladines-Galarza et al., 2021, p. 30). La investigación evidenció que, en escenarios de crisis como el paro nacional de 2019 o la pandemia por COVID-19, muchos voceros actuaron de manera improvisada, replicando discursos sin contextualizar ni conectar con la ciudadanía.
En un segundo estudio, publicado en la revista ComHumanitas, analizamos junto a Claudia Rodríguez y Fabricio Vela los desafíos y oportunidades que enfrentan los voceros institucionales en el nuevo ecosistema digital. Destacamos cómo la pandemia aceleró la adopción de plataformas digitales y cómo los voceros deben ahora combinar habilidades comunicacionales tradicionales con competencias digitales, entendiendo las nuevas dinámicas de interacción con audiencias que exigen autenticidad, claridad y transparencia (Velásquez, Vela & Rodríguez, 2024).
Ejemplos como la preferencia del presidente Daniel Noboa por comunicarse a través de TikTok, sin ofrecer respuestas directas a los medios, ilustran un modelo de comunicación unidireccional, que puede parecer innovador en forma, pero que en fondo deja vacíos informativos. Como mencionamos en ese artículo, la vocería institucional no debe confundirse con la mera presencia digital: es necesario desarrollar estrategias que combinen el conocimiento profundo del mensaje institucional con una interacción real con la ciudadanía, especialmente en contextos de crisis.
La falta de planificación comunicacional y la dependencia de intereses políticos antes que ciudadanos sigue siendo uno de los grandes obstáculos en la institucionalización de una comunicación gubernamental efectiva en el país. A esto se suma el riesgo de instrumentalizar la vocería como un simple mecanismo de propaganda, en lugar de un canal de diálogo transparente. Es urgente reivindicar la comunicación pública como servicio a la ciudadanía, no como herramienta partidista.
Como académica, me preocupa profundamente el debilitamiento del pensamiento crítico en los debates públicos. La ciudadanía merece acceder a información veraz, contrastada y bien explicada, que le permita tomar decisiones informadas. Solo así podremos avanzar hacia una democracia más deliberativa, inclusiva y menos polarizada. En este proceso, también tenemos una responsabilidad individual: como consumidores de información, debemos desarrollar habilidades de alfabetización mediática, verificar fuentes, cuestionar los discursos que consumimos y evitar la difusión de contenidos sin contrastar. Fomentar una ciudadanía crítica implica reconocer que cada uno de nosotros influye en la calidad del debate público.
En el contexto ecuatoriano, la comunicación gubernamental atraviesa retos de carácter estructural. Aunque se evidencian iniciativas puntuales orientadas a integrar los entornos digitales y a responder a una ciudadanía cada vez más presente en medios sociales, persisten prácticas comunicativas marcadas por la reactividad, la opacidad y la influencia política. En este escenario, la vocería institucional, pieza clave para generar confianza pública, requiere ser resignificada desde una perspectiva estratégica, ética y profesional. Asimismo, resulta imprescindible fortalecer el pensamiento crítico de la ciudadanía como condición para enfrentar la polarización y promover una comunicación más transparente, participativa y democrática.
Referencias:
Paladines-Galarza, F., Valarezo-González, K., Velásquez-Benavides, A., & Gutiérrez, N. (2021). La importancia del perfil del comunicador gubernamental en la gestión de crisis y en el entorno digital. Sistemas, Cibernética e Informática, 18(1), 30-38.
Velásquez Benavides, A. V., Vela Vinces, F., & Rodríguez-Hidalgo, C. (2024). Voceros y periodistas en la era digital: Comunicación, opinión pública y nuevas plataformas. Revista ComHumanitas, 15(2), 143–157. https://doi.org/10.31207/rch.v15i2.452




