Por: Wilson Benavides Vásquez, analista político
Así se titula uno de los escritos más emblemáticos de Hannah Arendt donde -luego de un análisis de la estrategia informativa del gobierno de EEUU en la “ofensiva del Tet” de 1968 durante la guerra de Vietnam- explicó que la “mentira” es consustancial a la política y que las naciones están dispuestas a sacrificar la “verdad” por sobre cualquier otro valor social como la justicia, la libertad o el progreso material.
Esta premisa -que fue postulada decenios antes del aparecimiento de las redes sociales que hoy habitan absolutamente todos los espacios- está más vigente que nunca en la medida en que la misma autora señaló que los acontecimientos políticos, al tratarse de hechos colectivos, por naturaleza se constituyen en “verdades factuales”; es decir, su significado está definido no por lo que en realidad sucedió sino por las opiniones generadas en torno de los mismos.
La campaña electoral para el referéndum y consulta popular en Ecuador de este domingo 16 de noviembre, es un claro ejemplo de la puesta en práctica de ambas premisas de Arendt. Por un lado, al parecer a nadie le importa si es verdad o mentira lo que el presidente de la República y /o los voceros de la opción del “SI” difunden; y por otro, es evidente que hace tiempo, la verdad dejó de ser un valor social imprescindible para el debate político en nuestro país.
El ejemplo más obvio y evidente es la inauguración de la denominada cárcel del “Encuentro” en la provincia de Santa Elena, donde el ministro del Interior y el propio mandatario entraron en contradicción respecto del porcentaje de construcción de este complejo carcelario, al que de acuerdo a la versión oficial, ya fueron trasladados cerca de 400 presos de alta peligrosidad, incluyendo a personas sentencias por casos de corrupción como el ex vicepresidente, Jorge Glas, y el ex legislador del PSC, Pablo Muentes.
Pero también las propias declaraciones oficiales del presidente Noboa donde -en alusión a la pregunta 1 del referéndum- abiertamente manifestó que “no se tratan de bases militares extranjeras” sino de instalaciones de distinto tipo para controlar varios fenómenos como la migración y la pesca ilegal, entre otros, lo que claramente no señala el texto que se le consultará al pueblo ecuatoriano.
Sumado a ello, la línea argumental del oficialismo para justificar la opción del “sí” en la pregunta 4 de que con la actual Constitución, los delincuentes tienen atención prioritaria en relación a un ciudadano común al acudir a un centro de salud, por ejemplo, es totalmente descontextualizada, salvo por la vocería del ex ministro del Interior de este gobierno, José De la Gasca.
En la práctica, sin embargo, el postcorreísmo se ha consolidado a través del uso de mecanismos de democracia directa como las consultas populares y referéndum convocados por los tres presidentes que siguieron luego de Rafael Correa: Lenín Moreno (2017-2021), Guillemo Lasso (2021-2023) y Daniel Noboa (2023-2025 / 2025-actualidad).
El 4 de febrero de 2018, Lenin Moreno, convocó a una consulta popular con siete preguntas, entre las que se incluyó la instalación de un Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS) de transición, entre otros. Esta iniciativa, tuvo el 67,65% de respaldo.
El 5 de febrero de 2023, el entonces presidente Guillermo Lasso convocó a una consulta popular con ocho preguntas, entre las que se incluyeron algunas que el actual mandatario Daniel Noboa ya consultó en abril de 2024 como la extradición de ecuatorianos o la reducción del número de asambleístas que se nos preguntará en el referéndum de este domingo.
Hace dos años, Lasso perdió todas las preguntas con 55,34% de votos por el “no”, mientras que el 21 de abril de 2024, Noboa ganó en nueve de las 11 preguntas que puso a consideración del pueblo con el 59,58% de apoyo.
El plebiscito de este domingo tiene similitudes y diferencias con el convocado por Guillermo Lasso en 2023 en la medida en que se realizará luego de una paralización indígena que, en este caso duró un mes, dejó tres muertos y millones de dólares en pérdidas, especialmente en la provincia de Imbabura, pero a diferencia del anterior no decantó en una crisis de régimen.
Tampoco ha afectado significativamente las cifras de credibilidad del presidente Noboa, que según varias encuestas, superan más del 40%, eso pese a que el conflicto armado interno no está dando los resultados esperados ya que de acuerdo a datos oficiales, hasta septiembre pasado, se reportaron 6.797 muertes violentas, 36,3% más que las registradas en el mismo periodo el año anterior.
Si históricamente los plebiscitos en Ecuador son un termómetro de la popularidad del convocante, este domingo entonces conoceremos la efectividad o no de la verdad o la mentira en la política.
La opinión de Wilson Benavides




