Por: Héctor Calderón
¿Qué tan importante es la credibilidad en la gestión de un gobierno? Muy importante y más en momentos de crisis como los que vive el Ecuador. Ahora, ¿cómo se construye la credibilidad? Principalmente con claridad, transparencia y certezas. Cuando un gobierno hace lo que dice, cuando la ciudadanía palpa lo que ese gobierno dice que está haciendo, cuando sus mensajes no dejan dudas; entonces, ahí, ese gobierno gozará de la credibilidad y confianza necesarias para sostener su gestión y contar con el apoyo popular.
¿Qué pasa en Ecuador? Al gobierno de Daniel Noboa le cuesta lograr esa credibilidad. Uno de los principales problemas de su gestión, que se notó desde el gobierno de transición, ha sido su incapacidad para sostener su relato. Pasó en la crisis energética, en su relación con la anterior Asamblea, en el combate contra la delincuencia, en el desabastecimiento de medicinas y en más temas en los que los voceros del Gobierno y sus campañas comunicacionales cayeron en inconsistencias, en contradicciones y en mentiras comprobadas.
El caso de la captura de Fito es otro gran ejemplo. El gobierno, como es correcto, anunció por todo lo alto la captura de uno de los criminales más buscados. Un éxito de la administración de Noboa que se ha ido diluyendo por la inconstancia y la debilidad de su relato. El día de la captura, ADN y el presidente festejaron este hecho aduciendo que el logro se produjo gracias a la aprobación de la Ley de Solidaridad Nacional, dejando en entredicho todo el aparente trabajo de inteligencia que venía haciendo, por meses, el bloque de búsqueda. Según las autoridades y asambleístas, la nueva ley surtió efecto en horas y logró milagrosamente que policías y militares descubran el escondite de Fito. Pero las horas fueron pasando y las versiones fueron cambiando, debilitando el relato gubernamental y el jolgorio de los miembros de ADN.
Desde un comunicado borrado por el Ejército hasta la versión de que la hija de Fito había revelado el paradero de su padre, fueron quitando credibilidad a lo mencionado por Noboa, Reimberg, Loffredo y compañía. Hasta que llegó la nota del medio colombiano Noticias UNO y, así como un castillo de naipes, terminó de desmoronarse el relato de Carondelet.
Resulta que no han sido las nuevas leyes, ni la hija de Fito y peor aún la inteligencia militar o policial; sino que Fito y el gobierno han estado en negociaciones; inclusive el prófugo ya había solicitado la intermediación de autoridades del gobierno colombiano. ¿Está mal la negociación? No debería, siempre y cuando el camino sea la paz, la justicia y el desmantelamiento de las bandas criminales. El problema es que el Gobierno miente y lo hace mal. El ministro Reimberg ha tenido que salir a medios a confirmar conversaciones con Fito, los asambleístas han tenido que recular y dejar de hablar del tema; y, como siempre, han escondido al presidente para que no se “queme” con las inconsistencias del relato oficial.
La captura de Fito es una gran noticia que se va diluyendo por la incapacidad del gobierno para transparentar el proceso, por la débil estrategia comunicacional para posicionar su relato y porque el show dura un día; ahora con Fito preso, ¿Cuál es la ruta del dinero? ¿Dónde están los testaferros? ¿Quién más está involucrado?
¿Qué tan importante es la credibilidad en la gestión de un gobierno? Preguntemos al ministro Reimberg, quién de súper héroe ha pasado a ser un meme.
La opinión de Héctor Calderón




