El 10 de octubre de cada año se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental. El tema de este 2025 es: “Acceso a Servicios: Salud Mental en Contextos de Catástrofes y Emergencias”, y hace un llamado a la acción para proteger y aumentar el apoyo en tiempos de crisis.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años sufre algún tipo de trastorno mental, lo que representa el 15% de la carga mundial de morbimortalidad en ese grupo etario.
Entre las condiciones más comunes se encuentran la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento, que, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), suelen iniciar desde los 14 años y figuran como principales causas de discapacidad y exclusión social durante la adolescencia.
Además, la OMS alerta que el suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años, una cifra que revela la urgencia de atender esta crisis silenciosa. La falta de tratamiento adecuado no solo impacta la etapa juvenil, sino que deja secuelas profundas en la vida adulta.
1.- Entornos vulnerables y factores de riesgo
Expertos coinciden en que el entorno social, familiar y educativo influye directamente en la salud mental de niños y adolescentes. Violencia, acoso escolar, discriminación y pobreza incrementan la vulnerabilidad.
La OPS advierte:
“Cuanto mayor sea el número de factores de riesgo a los que se enfrentan niños, niñas y adolescentes, más profundo es el impacto potencial en su salud mental”.
Los jóvenes que enfrentan discriminación o estigmatización por identidad de género, situación socioeconómica o entorno cultural también presentan mayor riesgo de exclusión social y dificultad para acceder a servicios de salud mental.
2.- Salud mental en la era digital: el impacto de las redes
Los especialistas alertan sobre la influencia de las redes sociales en el bienestar emocional adolescente. Según profesionales del Hospital Italiano, el uso intensivo, más de 3 a 4 horas diarias, se asocia a síntomas depresivos, ansiedad y baja autoestima.
El psicólogo Damián Supply, coordinador de prevención en niñez y adolescencia del hospital, explica que los adolescentes están expuestos a modelos digitales idealizados que distorsionan la percepción de sí mismos.
“La búsqueda de validación externa y la comparación constante generan frustración y malestar”, señaló.
En esa línea, la especialista Gisela Rotblat advirtió sobre el efecto del FOMO (miedo a quedarse afuera), que actúa como amplificador de estrés, ansiedad y alteraciones del sueño, afectando también el rendimiento académico.
Ante esta realidad, los expertos recomiendan limitar el uso de pantallas, fomentar la educación digital, fortalecer la autoestima y promover hábitos saludables desde edades tempranas.
3.- El estigma, una barrera peligrosa
A pesar de la magnitud del problema, muy pocos adolescentes acceden a atención adecuada. El estigma social y la falta de información siguen siendo obstáculos centrales.
La OMS señala que muchos jóvenes evitan buscar ayuda por temor a ser juzgados, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento oportuno.
“Los problemas de salud mental no son signos de debilidad”, insisten desde la OPS, que también destaca que la infancia y la adolescencia son etapas clave para el desarrollo cerebral y emocional.
4.- Prevenir desde el entorno: claves para el futuro
La OMS y la OPS coinciden en que la salud mental debe abordarse desde un enfoque preventivo, integral y comunitario. La implementación de campañas escolares, la capacitación docente, y el fortalecimiento de servicios de salud mental accesibles son pasos urgentes para revertir la tendencia.
También insisten en la necesidad de crear entornos protectores y libres de violencia, que garanticen el desarrollo emocional de la juventud.
“La calidad del entorno en el que crecen los niños, niñas y adolescentes juega un papel clave en su salud mental, bienestar y desarrollo”, resume la OPS.
5.- Un llamado urgente
En este Día Mundial de la Salud Mental, las cifras, los expertos y las organizaciones internacionales coinciden en un llamado urgente: escuchar, acompañar y actuar, para proteger el presente y el futuro de millones de adolescentes en el mundo.




