Lo que inicialmente parecía una emergencia por incendio, terminó revelando un nuevo acto de violencia en Manta. Cerca de las 23:00 del jueves, 31 de julio, un incendio en una vivienda del barrio Vista Hermosa condujo al hallazgo de dos cadáveres calcinados, que, según los primeros informes, habrían sido ejecutados con armas de fuego antes de ser incinerados.
Cuando los equipos del Cuerpo de Bomberos llegaron al lugar para sofocar las llamas, se encontraron con una escena dantesca: dos cuerpos completamente calcinados. Al llegar los agentes de la Policía Nacional, se encontraron también con seis casquillos de bala calibre 9 mm esparcidos cerca de los restos. Los cuerpos fueron trasladados de inmediato al Centro Forense de Manta para las diligencias correspondientes.
Vecinos del sector relataron haber escuchado múltiples disparos poco antes de que el fuego comenzara a consumir la estructura. El hecho ha sido catalogado por las autoridades como un crimen intencional y con claros indicios de ajuste de cuentas.
Violencia sin tregua en Manta
Este nuevo caso se suma a la escalada de violencia que ha marcado a Manta en las últimas semanas. El pasado 16 de julio, Flavio Leonardo Briones Chiquito, identificado como uno de los cabecillas de la banda criminal Los Lobos, fue asesinado junto a su esposa y dos custodios en un ataque armado. Horas más tarde, cinco hombres fueron acribillados en un club nocturno en la vía Manta–Jaramijó, lo que encendió las alertas de las fuerzas de seguridad en la ciudad.
Según cifras oficiales, entre el 1 de enero y el 26 de julio de 2025, la provincia de Manabí acumuló 679 muertes violentas, una estadística que la coloca como una de las más afectadas por el crimen organizado en el país.
Ante esta situación, la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas han intensificado los operativos en Manta, con el objetivo de recuperar el control en sectores críticos, aunque los resultados aún no logran frenar la violencia.
La ciudadanía exige respuestas concretas y acciones eficaces frente a una crisis de seguridad que, lejos de amainar, se profundiza con cada nuevo hecho sangriento.




