Por: Carlos Coronel, consultor político
Uno de los principales errores al analizar el clima social y político en Ecuador es asumir que existe un solo malestar dominante. La evidencia muestra algo distinto: el país atraviesa varios malestares superpuestos que, al interactuar entre sí, condicionan de manera directa la evaluación ciudadana sobre la gestión pública y el futuro inmediato.
Para comprender mejor este fenómeno, desde CIEES aplicamos minería de datos a toda la serie 2025 de La Encuesta (9.120 casos, Quito y Guayaquil, mediciones mensuales entre enero y noviembre). Este análisis permitió identificar patrones estructurales y asociaciones que organizamos en cinco apartados.
1. Problemas percibidos: la inseguridad sigue al centro, pero no actúa sola
La inseguridad continúa siendo el principal problema del país y concentra entre el 60% y 62% de las menciones a lo largo de 2025. Este eje atraviesa todos los estratos socioeconómicos y grupos etarios, consolidándose como la preocupación nacional dominante.
Sin embargo, la minería nos muestra la emergencia de otros ejes relevantes:
- Problemas económicos y de empleo: representan entre el 18% y 20% de las respuestas. Este malestar se concentra en estratos populares y en los grupos de 38 a 64 años, vinculado a ingresos, estabilidad laboral y costo de vida.
- Gobernabilidad, gestión y corrupción: eje emergente que alcanza entre el 9% y 11%, con mayor peso en estratos medios y medio altos, especialmente en Quito.
- Educación, salud y servicios básicos: entre el 6% y 8%, funcionando como un malestar latente que puede escalar rápidamente cuando se conecta con percepciones de mala gestión.
Visto así, si bien la inseguridad actúa como detonante, la economía y la gestión pública funcionan como amplificadores del malestar general, con una correlación intensa entre inseguridad, confianza y economía.
2. Evaluación presidencial: apoyos frágiles y altamente condicionados
La evaluación de la gestión del presidente Daniel Noboa presenta una estructura estable, pero frágil:
- 46% califica la gestión como mala o muy mala
- 45% la evalúa como buena
- apenas 7% la considera muy buena
No se observa una polarización ideológica clásica, sino una volatilidad condicionada por resultados. La aprobación sube o baja en función del clima general del país, especialmente de la economía y la seguridad.
Con esto, las asociaciones son contundentes:
- Cerca del 70% de quienes evalúan negativamente al presidente consideran que el país está mal o muy mal.
- Aproximadamente el 65% de este grupo identifica a la inseguridad o a la economía como el principal problema.
- En contraste, alrededor del 75% de quienes evalúan positivamente la gestión perciben al país como bien o muy bien.
3. Grupos de edad: el respaldo no se distribuye de forma homogénea
El análisis por grupos etarios muestra patrones claros:
- Jóvenes de 16 a 27 años: cerca del 60% evalúa positivamente la gestión presidencial. Predominan expectativas y mayor tolerancia.
- Adultos jóvenes de 28 a 37 años: segmento bisagra, con alto apoyo condicionado y elevada sensibilidad a cambios en el contexto.
- Adultos de 38 a 64 años: el mayor desgaste político. Entre el 55% y 58% califica la gestión como mala o muy mala, coincidiendo con el núcleo del malestar económico.
- Mayores de 65 años: evaluaciones más estables y menos polarizadas.
4. Clústeres de opinión: cómo se organiza el país
La segmentación permite identificar con mayor claridad el mapa social:
Según evaluación presidencial, se observan tres grupos:
- Críticos estructurales: 47,5%
- Apoyo condicionado: 45,1%
- Optimistas leales: 7,4%

Según percepción del país y del gobierno, emergen cuatro:
- Consistentes negativos (país mal / gobierno mal): 39,5%
- Esperanzados (país mal / gobierno bien): 23,3%
- Consistentes positivos (país bien / gobierno bien): 28,9%
- Críticos selectivos: 8,3%

En términos estadísticos, el país se divide en mitades similares en tamaño, pero muy distintas en comportamiento, expectativas y tolerancia al error. En términos políticos, se observan percepciones fragmentadas, pero conectadas por un deseo común: la esperanza de mejora.
Bajo este contexto, es posible anticipar distintas rutas de gestión institucional hacia 2026, no solo en términos de opinión pública, sino de gobernanza efectiva.
5. Escenarios 2026: cuatro rutas posibles
A partir de estos clústeres, se delinean cuatro escenarios:
- Contención (más probable en el corto plazo): sostener apoyos vía narrativa y gestión mínima.
- Transferencia (probable, pero sensible): redistribuir responsabilidades —hacia privados u otros niveles de gobierno— para mostrar acción.
- Fortalecimiento (deseable, pero exigente): resultados contundentes en seguridad y economía.
- Debilitamiento (riesgo estructural): expansión del bloque consistente negativo y pérdida de gobernanza.
El escenario que se materialice dependerá menos del discurso y más de la capacidad de incidir simultáneamente en resultados, percepción y expectativas, especialmente sobre el eje económico.
Conclusión
Ecuador no enfrenta una sola crisis, sino una acumulación de malestares. El respaldo político existe, pero es condicionado, volátil y segmentado. Comprender estos patrones no es solo un ejercicio académico: es una herramienta estratégica para anticipar riesgos, diseñar políticas y tomar decisiones informadas.
¿Cómo impactan estos escenarios en tu sector o actividad?




