Las nuevas masculinidades no son simplemente un cambio de hábitos estéticos o domésticos, como usar crema facial o cambiar pañales, sino una transformación profunda del uso del poder y de la manera en que los hombres se relacionan con el mundo. Leonardo García, director del Laboratorio Social de Género y Masculinidades, explica que estas masculinidades buscan generar relaciones no violentas, corresponsables y cuidadoras de la vida, tanto hacia uno mismo como hacia los demás y el entorno.
“El cuidado no es exclusivo de las mujeres; los hombres también tenemos la responsabilidad de cuidar nuestra salud, a nuestra familia y la naturaleza que nos rodea”, afirma García. Este enfoque rompe estereotipos que han relegado a los hombres al rol de proveedores y a las mujeres al del cuidado, provocando desigualdades históricas y sobrecarga emocional femenina.
Cifras que alarman
El impacto del machismo en los hombres también es evidente. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud, uno de cada cinco hombres en América no llegaría a los cincuenta años, y el 80% de los suicidios corresponde a hombres. Esta estadística refleja cómo la construcción social de la masculinidad, que promueve la invulnerabilidad y la competitividad, limita la búsqueda de ayuda y genera hábitos de riesgo, como evitar controles médicos o asumir conductas peligrosas al volante.
García señala que la falta de autocuidado también se traduce en enfermedades prevenibles y en problemas como el cáncer de próstata, que muchos hombres evitan tratar por miedo a perder su “hombría”. Por eso, promover la salud integral masculina es clave para reducir riesgos y fomentar la corresponsabilidad.
Resistencias al cambio
Transformar la masculinidad no es sencillo. Muchos hombres perciben la invitación a repensar sus roles como una pérdida de poder. “Históricamente se nos enseñó que debemos ser fuertes, invulnerables y exitosos, y cualquier intento de cambio se percibe como debilidad”, explica García. Esta resistencia impide que los hombres construyan vínculos cercanos con sus hijos, hijas o parejas, perpetuando relaciones jerárquicas y desigualdades en la vida cotidiana.
El Laboratorio Social de Género y Masculinidades ha constatado que los hombres que logran conectarse con sus emociones, hablar de sus dudas y angustias en espacios seguros y asumir responsabilidades domésticas, reducen los riesgos de ejercer violencia y fortalecen su bienestar.
Masculinidades cuidadoras: herramientas para la vida
El Laboratorio ha impulsado proyectos como la guía “Más Cuidado”, en convenio con la Prefectura de Pichincha, para fomentar la participación masculina en las tareas domésticas y el cuidado de los hijos. García asegura que cuando los hombres se involucran en la vida cotidiana, desde cocinar hasta acompañar deberes escolares, no solo mejoran sus relaciones familiares, sino que también desarrollan habilidades emocionales y disminuyen factores de riesgo asociados a la violencia.
“Muchos hombres adultos mayores nos han contado que llegaron a sentirse solos y desconectados de sus familias porque cumplieron el rol que la sociedad les indicó, centrados en el trabajo y el control, pero sin vínculos significativos con sus hijos e hijas”, relata García. El mensaje es claro: la transformación de la masculinidad no solo beneficia a las mujeres, sino también a los propios hombres.
El futuro está en los niños y niñas
El director del laboratorio enfatiza la importancia de trabajar con niños y adolescentes como eje de la transformación. “Ellos ya se relacionan de manera igualitaria, ven a niñas y niños como pares. Aprender de esa visión nos ayuda a construir relaciones más equitativas en el futuro”, comenta. La educación en igualdad y el ejemplo de hombres que practican masculinidades cuidadoras son esenciales para erradicar la violencia y promover una sociedad más justa.
En resumen, las nuevas masculinidades no buscan un modelo único de ser hombre, sino fomentar diversidad, cuidado y corresponsabilidad. Desde el autocuidado hasta la participación activa en la vida familiar, esta transformación es una invitación a hombres de todas las edades a reconectar con sus emociones, sus relaciones y, sobre todo, con la vida.




