Por: Tatiana Sonnenholzner, especialista en comunicación digital
“La Asamblea es el reflejo del pueblo”, así me enseñaron.
Al principio no entendía por qué los requisitos para ser asambleísta son, básicamente:
- Tener nacionalidad ecuatoriana.
- Haber cumplido 18 años de edad al momento de la inscripción de la candidatura.
- Estar en goce de los derechos políticos.
Lo que sabiamente me explicaron es que el Parlamento ecuatoriano representa el espíritu y la esencia del pueblo, con el objetivo de garantizar la creación de normas que beneficien la vida de los distintos seres y grupos que habitan este país multicultural y plurinacional.
El deber ser del asambleísta es representar a su comunidad, pues nadie mejor que él o ella para conocer, a través de la ley, las necesidades y carencias de su gremio o sector. También tiene la responsabilidad de promover juicios para investigar las acciones u omisiones sospechosas de actores políticos —a través de la fiscalización— y, si corresponde, propiciar su sanción en beneficio del país.
Pero esa es la versión romántica que me contaron.
Con base en los hechos recientes, cuando se dice que la Asamblea es el reflejo del pueblo, me parece que se refieren a que:
En Ecuador, 6 de cada 10 mujeres han vivido algún tipo de violencia de género y 1 de cada 4 ha sufrido violencia sexual, según el INEC. (Mientras escribo esto, me parece increíble que no exista una cifra clara sobre los agresores. ¿9 de cada 10 hombres…?)
Esto explicaría por qué había —si no son más— un asambleísta denunciado por la presunta violación de una menor.
O podría ser porque:
Ecuador pierde USD 1.121 millones cada año por evasión del Impuesto a la Renta de personas.
Esto concuerda con el hecho de que algunos funcionarios públicos evaden, maquillan o mienten sobre sus bienes antes de asumir sus cargos.
Tal vez se refiera a que:
Según una nota de Primicias, alrededor de 309.000 personas no tienen trabajo en Ecuador. De ese grupo, el 39,2% son jóvenes entre 15 y 24 años, y les siguen, con 33,4%, las personas entre 25 y 34 años.
Y por eso el asambleísta más joven en ocupar una curul contrató a gran parte de su familia para trabajar en la Asamblea Nacional.
Es un reflejo también porque, en un debate dentro del salón plenario, una asambleísta reveló que fue abusada sexualmente cuando era menor, y el tema pasó desapercibido.
Así es Ecuador: 1 de cada 3 mujeres que denuncia violencia sexual no es creída por sus allegados ni por las autoridades, según UNICEF. Esto explica por qué solo el 15% de los casos de abuso sexual se denuncian, y apenas el 5% llega a una sanción, con un alto riesgo de revictimización por falta de capacitación de las autoridades encargadas de tratar estos casos.
Y eso sin mencionar el encubrimiento entre colegas, la sanción a los enemigos y la benevolencia con los amigos; la envidia, el juzgamiento sin escrúpulos, la violencia grupal, la falta de empatía, el cinismo, el cambio de ideales… cosas humanas, sí, pero que se manifiestan a diario en muchas esferas sociales del país. Razones que explican por qué parecería que nada funciona.
Esto no es una crítica a usted.
Es a ellos.
A quienes decidieron dar un paso hacia lo público con la misma voluntad con la que se toma una decisión cualquiera, como si no se tratará de servir a ciudadanos y a un país que necesita gente capaz y ética.
La opinión de Tatiana Sonnenholzner




