Por: Héctor Calderón
Para Daniel Noboa no es solo suficiente su mala gestión, sino que busca a toda costa poner el pie al trabajo que realizan las autoridades locales en sus territorios. Además de la deuda millonaria que tiene el Estado con prefecturas, alcaldías y juntas parroquiales; el Gobierno recurre a todos los mecanismos posibles para ahorcar a alcaldes y prefectos.
En las últimas semanas, los alcaldes de Quito y Guayaquil han denunciado el abuso del SERCOP, desde donde se han bloqueado procesos de contratación, especialmente, relacionados a temas de comunicación y eventos. Quienes hemos hecho contratación pública sabemos que siempre hay temas por subsanar, pero lo que ha sucedido en estos casos es que el Servicio de Contratación Pública ha decidido suspender, arbitrariamente, los procesos dejando sin opciones a las instituciones.
Y no se trata de un tema de transparencia o lucha contra la corrupción; es un tema de persecución. Está claro que hay una disposición para bloquear esos procesos y que objetivo es aún más claro, evitar que los municipios, sobre todo los de Quito y Guayaquil, puedan hacer promoción de su gestión y obras.
En el caso de la capital el tema fue más allá, el Gobierno quiso atenuar contra sus fiestas de Fundación. Un presidente que no ha hecho ni una sola obra en Quito está intentando dejarla sin sus festejos. El alcalde Pabel Muñoz ha sido claro, la vanidad, celos y mala fe del gobierno no dejarán a la Carita de Dios sin sus fiestas. A Quito se la celebrará desde los barrios, se la festejará con obras y con el amor y orgullo de sus habitantes y visitantes.
El caso de las fiestas de Quito es un ejemplo más de la negligencia del gobierno de Noboa.
El atacar y bloquear a los gobiernos locales no es un daño a las autoridades de turno, es una afrenta y ataque directo a los ciudadanos y los servicios que reciben día a día en sus territorios. ¡Ni hace, ni deja hacer!
La opinión de Héctor Calderón




