Nadie se calla y tampoco es un secreto escondido. La sociedad durante varios años ha permitido y con esta actitud ha legitimado que existan negocios y actividades económicas a plena luz del día, donde todos saben muy bien que, sin dinero del lavado y del comercio clandestino de drogas, estos nuevos emprendimientos se quebraría en pocos días. Pero no es así, ¿por qué? La respuesta es simple, el pueblo conoce que los recursos de estas pseudo empresas/emprendimientos son inagotables porque provienen de fuentes delincuenciales y riqueza ensangrentada e impregnada de violencia.
Invito al lector a reflexionar esta desagradable problemática desde los siguientes puntos de vista:
1. La serenidad, benevolencia y tolerancia con la que la comunidad observa e incluso admira estos tipos de comercios y emprendedores exitosos.
2. La sociedad los legitima y en ocasiones, termina siendo cómplice del lavado de dinero en distintos sectores de la economía.
3. La indiferencia, pasividad y la impavidez social frente a negocios de procedencia dudosa.
Se pueden explorar otras perspectivas para analizar este fenómeno delincuencial, sin embargo, expondré de manera clara y breve los aspectos principales.
El crimen ingresa en la economía del Ecuador alrededor de 2.400 a 6.000 millones de dólares anuales, además el tráfico de bienes y el contrabando bordean los 2.000 millones, alcanzando un 15% del PIB (Primicias, 2024).
Según el diario La República (2026), en el año 2022 el 70% del dinero proveniente del contrabando de sustancias prohibidas “logró ser bancarizado, es decir inyectado a la economía nacional, a través de las instituciones financieras reguladas por las Superintendencias del país, los bancos y las cooperativas de ahorro y crédito existentes”.
En este sentido, la sociedad demuestra una impavidez frente al narcotráfico y el lavado de dinero, y acepta con benevolencia e indiferencia al normal desenvolvimiento de estas operaciones empresariales ilícitas. En varias provincias, incluso Tungurahua, la sociedad civil está adormilada y de esa forma contribuye a la existencia de las operaciones de actores criminales que tarde o temprano amenazan la estabilidad social y el bienestar de las comunidades. Incluso, aplauden la forma como los narcos evaden la justicia y son fieles seguidores y admiran el estilo de vida de publicaciones de creadores de contenido en redes sociales. Influenciadores que ahora han escapado asustados por las fronteras por temor a la justicia, y otros a plena vista ostentan con descaro sus actos delictivos.
Las transacciones con fuentes de dinero sucio, se han enquistado en la dinámica económica, a vista y paciencia de todos. El ecuatoriano ha respaldado estos actos financieros ilícitos e incluso se han convertido en cómplices.
Es momento que la gente honrada que sueña con un país de paz y una estabilidad económica ganada con esfuerzo y legalidad, debemos rechazar prácticas económicas que delante de nuestros ojos presumen gente inescrupulosa, sin disimulo, sin descaro y que con opulencia demuestra sin vergüenza, que sus ingresos derivan de actividades criminales. ¡Ecuatorianos, despertemos de esta apatía colectiva; unámonos y rechacemos estas prácticas que en la actualidad han distorsionado la economía local!




