Elecciones 2021: una mirada desde la sociología política

Por Selene López

Según Przeworski, la democracia política se concibe adecuadamente como la institucionalización de la incertidumbre. Esta incertidumbre intrínseca es lo que hace “democrática” a la democracia porque asegura que ningún actor pueda tener garantizada la victoria por adelantado en las elecciones, que el “ganar” no sea ni permanente ni absoluto en el sentido de que los ganadores de hoy tengan poder absoluto, y que los actores que pierden una elección tiene la posibilidad de competir (y de ganar) en elecciones futuras.

¿Cómo se garantiza esa incertidumbre? ¿Qué hace que votemos por uno u otro candidato? ¿Qué pesa más en cada elección? La naturaleza de la composición del voto es de los temas más antiguos estudiados por la sociología política. No hay una sola explicación a lo que ocurre en una elección, varias explicaciones atribuyen a la estructura social, a las circunstancias históricas, a los factores socioeconómicos; otras atribuyen a los factores comunicaciones, a las estrategias de campañas, otras suponen que los individuos tienden a maximizar su utilidad-beneficio y a reducir los costos o riesgos al elegir uno u otro candidato, entre otras. Sin duda las elecciones presidenciales de Ecuador nos dejan grandes lecciones de cómo se eligen representantes en las democracias.

1-Contexto

El contexto en el cual se desarrolla es uno muy peculiar: sumada a la crisis económica, y sanitaria mundial, Ecuador vive una profunda crisis política: institucional, de legitimidad y del sistema electoral y de partidos.

Tanto la primera como la segunda vuelta, las elecciones estaban ensombrecidas por la posibilidad del fraude, no solo había una profunda desconfianza en las instituciones que organizaban el proceso electoral, sino que la crisis institucional hace que estén rotas las bases del estado de derecho, es decir las reglas superiores a la voluntad de quien gobierna.

Segundo, el presidente saliente gobierna con paupérrimas cifras de aprobación ¿Acaso ya no es necesario tener aprobación o credibilidad para gobernar? La segunda dimensión de la crisis política que vive el Ecuador, es de legitimidad. Lenin Moreno será el octogésimo segundo presidente del Ecuador que termina su mandato a pesar de sus cifras. Si bien no es ajeno para la clase política y para los ciudadanos que los políticos no son bien vistos, incluso en aquellas partes del mundo donde la democracia se ha establecido con más fuerza, en Ecuador existe un rechazo estigmatizador a todo lo político ¿Qué nos quedará a pesar de que Lenin Moreno se vaya? La criminalización de la política. El conflicto es la esencia de lo político, dejar de procesar los conflictos, dejar de gobernar crea una percepción totalizadora de que todo político es malo, sin distinciones. Ningún actor político, sean presidentes, ministros, asambleístas o partidos políticos en general, gozan de la confianza de los ecuatorianos para actuar como articuladores de intereses de los ciudadanos. Poco importa que se conozca o no al político. El mero hecho de que esté en política ya le mancha. Este sentimiento de la antipolítica es desmovilizador.

Tercero, el 7 de febrero fuimos testigos de la legitimación en las urnas del pluralismo político, de que existan varias fuerzas políticas representadas en la Asamblea Nacional así como varias preferencias por candidatos presidenciales. Lo que es un enigma, es cómo actúen estos partidos en la nueva correlación de fuerzas ya que los partidos no tienen profundas raíces en la sociedad civil y la mayoría no son consistentes con su posición ideológica. Si bien la identificación ideológica de los actores: Hervas, Yaku era de izquierda, sus prácticas políticas y sus electorados no necesariamente entran en el mismo saco.

  1. El trasfondo de los resultados

La política a veces es trágica. Se dice que los espectadores de las tragedias griegas experimentaban catarsis, es decir, al leer o ver estas obras representadas de manera teatral, eran capaces de dirigir sus propias emociones hacia la historia que se les estaba contando, y expresar sus propios sentimientos a través de dichas historias. La naturaleza incierta de los procesos políticos pueden crear esta catarsis en los ciudadanos. En política como en la vida, a veces se elige el mal menor. Lejos de ser un proceso que entusiasme a la mayor parte de la población, a veces se elige un camino “turarsi il naso e votare”, siguiendo la invención italiana de Indro Montanelli que significa “votar tapándose la nariz”.

Los candidatos a la presidencia que llegaron a segunda vuelta no representan simplemente preferencias en cada elección, cada uno tiene historia y también relación con la estructura social. Las fuerzas políticas de los candidatos que llegaron a segunda vuelta llegaron con menos votos que 2017, Arauz con 683612 votos menos que Lenin Moreno y Guillermo Lasso con 823120 menos votos que 2017 (sin alianza con el PSC). Gran parte del electorado estaba resignado a votar por el que menos le entusiasmaba, de ahí se explica gran parte del crecimiento del voto nulo ¿Cómo la segunda opción llega primera? ¿Por qué se da este “sorpasso” que sorprendió a muchos?

2.1 La Revolución Ciudadana

Si bien la Revolución Ciudadana (RC) ha sido una de las identidades políticas más fuertes en el escenario electoral, una única identidad para todo el país no sirve. A pesar de las circunstancias en las cuales participó en el último proceso electoral: sin partido propio, bloqueo permanente por parte del gobierno y grupos políticos opositores, y su líder fuera del país; la Revolución Ciudadana cuenta con un alto capital político. En estos tres últimos años, ha logrado mantener un voto duro cohesionado del 30%.

Juan Linz, padre de la ciencia política española, siempre abogó que el presidencialismo era un sistema que hacía más probable el colapso de la democracia. La fuerza de la figura presidencial y el “Gobierno dividido” (con diferentes partidos en legislativo y ejecutivo) podía arrastrar al sistema a una tensión insoportable. Después de estar 10 años totalmente en el cargo, la figura de Rafael Correa era difícil de sostener. No sólo que su estilo de confrontación no es sostenible en el largo plazo (Taylor, 1989); al estar totalmente implicado en todas las decisiones estatales, como responsable de cada éxito y de cada fracaso provocó dificultades en el equilibrio de gobierno. En ausencia de mecanismos o instituciones intermedias para tratar el conflicto (partidos o algún otro), son los líderes quienes capturan todo lo bueno y todo lo malo.

En una encuesta realizada por Clima Social en marzo de 2021, la frase “no votaré por un banquero” tenía 45% de acuerdo, mientras que la frase “votaré para que no gobierne el correismo” tenía 54,2% de acuerdo.

En Ecuador, a diferencia de Argentina o Bolivia, la primera transición política con Lenin Moreno salió mal. El viraje de Lenin Moreno genera una profunda desconfianza en nuevos liderazgos. Si hay algo recurrente sobre los atributos de Arauz, en varios grupos focales realizados después de la primera vuelta, es la visión de “títere”. En un momento tan crítico como el que vive el país, era necesario que los lideres generen confianza, un voto de confianza que no fue posible crear en Arauz.

“Cuando se trata de enfrentar este argumento señalando que lo mismo se pensaba de Lenín Moreno, las personas señalan que el candidato Arauz es más manipulable que el actual presidente, que su juventud e inexperiencia lo hacen menos independiente. En todo caso, los consultados no quisieron y, en algunos casos, no quieren correrse el riesgo de comprobar si esa independencia existe o no” (Informe Focus Group)

Decía el teórico marxista italiano Antonio Gramsci, que “la crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer”. Estos son periodos en los cuales se superponen crisis de valores, institucionales, políticas, éticas, morales, etcétera, como ocurre en los periodos de transición entre dos momentos históricos. Sin duda en esta elección hubo un proceso de transición hacia nuevos liderazgos de la Revolución Ciudadana, sin embargo no fue muy clara y se realizó en plena campaña electoral.

No solo le pasa a la RC. Hay identidades políticas, los partidos socialistas, por ejemplo, que se formularon y narraron a sí mismos con el factor empleo en su centro. Ahora, se han planteado cómo existir en una realidad financiera y digital, es decir, cómo representarse al no estar ya los obreros en las fábricas. Actualmente que se ha legitimado en las urnas la posición de la oposición de la RC, habrá que reformularse sin el factor Estado, sin el factor gobierno, sino en la oposición democrática.

Si nos quedamos en la idealización de un pasado que existió, la realidad inter relacionada, líquida, el mundo pos pandemia, los ciudadanos más autónomos, ciudadanos con menos confianza en las instituciones, los pasarán por encima. La renovación generacional, renovación de ideas, de trayectorias y no sólo de caras, tiene que ser una apuesta real.

  1. Guillermo Lasso

Después de la primera vuelta, varios analistas creímos que quien tenía más cuesta arriba por los resultados, por la percepción de que cogobernó con Moreno, por el estigma de banquero, por que era Lasso. Sin embargo, el giro estratégico de su campaña, la disciplina y consistencia de sus mensajes lograron ponerlo en primer lugar. Si hay algo que realizó con éxito y que es el éxito de la política, es la capacidad de marcar agenda, es decir, poner los términos del debate favorable para su candidatura que fueron: “capitalismo/ comunismo (miedo a Venezuela)”, “continuidad/ cambio”, “experiencia/inexperiencia”, ”Versatilidad política(Encuentro) / rigidez”, “propuestas productivas/propuestas populistas”(Informe Focus 2021). Guillermo Lasso al ser vinculado con la inversión privada y al tener la historia de haber trabajado toda su vida en lo privado, tuvo un voto de confianza asociado a la posibilidad de generar empleo, de resolver los problemas económicos del Ecuador.

Si bien los resultados de la Revolución Ciudadana reflejan fracturas sociales históricas regionales e identitarias, que hace que los resultados sean más favorables en la Costa con 2.7 millones de votos, el candidato Lasso creció en mayor medida en esa región, como muestra el gráfico 1, además de favorecerle votos de la Sierra. Mientras Arauz creció alrededor de medio millón de votos en la Sierra, Lasso creció un millón y medio.

 

El sociólogo estadounidense Daniel Bell ya sostenía en 1960 la tesis del fin de la ideología donde la política se vuelve más pragmática. Un nuevo resurgimiento de estas tesis podría encontrarse en el reconocimiento de Fukuyama del fin de la historia en términos de conflicto ideológico porque consideró que con el fin del comunismo todas las grandes divisiones ideológicas se han superado. Últimamente, un nuevo resurgimiento de estas ideas se ha plasmada en la sociedad del riesgo de Urich Beck donde explica cómo perdemos la fe en las posiciones ideológicas y estamos entrando en una “modernidad reflexiva” en la que la izquierda y derecha son inadecuadas para afrontar los conflictos que la acompañan . Lo político estalla entonces en distintos lugares ya no ligados a clases, identidades, ni partidos políticos. Lasso se basó en esa confianza activa, en la democracia dialógica y en el crecimiento del individualismo.

  1. ¿Y ahora?

Una vez que acaban los procesos electorales, el decidir político tiene un dilema muy importante entre la representación y la responsabilidad. Todos los representantes políticos son representantes de una parte, de un partido político, de una idea, sin embargo, el momento que son cargo público, tienen que representar al conjunto. En la gestión diaria tienen que tener la visión de conjunto. Comprender la política para una campaña es una cosa, comprender la política para gobernar es otra más difícil. Hacer una campaña de forma innovadora no es lo mismo que hacer política de forma diferente.