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Ganó Lula y sigue al frente del gigante sudamericano | Opinión

Ganó Lula y sigue al frente del gigante sudamericano | Opinión

Por: María Eugenia Molina, Doctora Ph.D. en Comunicación. Posdoctorado en Política. Consultora, académica.

El líder de izquierda, Luiz Inácio Lula da Silva le ganó el balotaje al ultraderechista Flávio Bolsonaro. Lula marca un hecho histórico ya que es la cuarta vez que logra ser electo como presidente de Brasil, uno de los países más poblados del mundo, con la mayor biodiversidad del planeta y una economía que figura entre las más importantes del orbe.

A horas de su victoria en los comicios de segunda vuelta es importante referir algunos acontecimientos de la campaña que dieron como resultado este triunfo, Lula como presidente en funciones debió manejar el desgaste propio de quien está en el ejercicio del mandato y que, además, tuvo como adversario a un derechista extremo que basó su discurso en desprestigiar al mandatario, a su equipo y a satanizar sus políticas inclusivas, así como apelar a la gran maquinaria que implican hoy en día las plataformas digitales para llegar por esos medios a los votantes.

La derecha encarnada por Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro, el expresidente que hoy se encuentra preso por buscar anular las elecciones anteriores, actuaba con la seguridad de quien cree tener todo bajo control, más cuando ganó la primera vuelta, entre sus grandes aliados consta Meta que restringió el acceso de los públicos a las cuentas de Lula, sobre todo en Instagram, mientras que la publicidad de su contrincante era permanente; las limitaciones a la publicidad del líder del PT eran notorias, con lo cual la balanza se inclinaba en redes sociales de manera amplia al otro candidato.

En una sociedad plataformizada esta pudo ser una jugada maestra para sepultar las aspiraciones de Lula, pero la forma de encarar la segunda parte de la campaña por parte de los petistas es digna de reconocimiento y de análisis de comunicación política-electoral, pues Lula y su equipo entendieron que hubo algunos yerros en cuanto a hacer demasiado hincapié en lo realizado durante sus anteriores presidencias y no dialogar con la gente acerca de sus necesidades, intereses, preocupaciones y aspiraciones actuales, entendieron que una campaña ganadora no va de lo que ya se hizo, sino de lo que se hará y cómo ello mejorará la vida de las personas, esa fue una de las grandes diferencias que le permitió sumar al PT, mientras que Bolsonaro siguió confiando en las posibilidades algorítmicas como una verdad absoluta, y en política no hay absolutos.

La política en tiempos de campaña debe tener varias aristas y modos de llegada, sobre todo cuando no se lo puede hacer por las redes y eso lo entendieron los partidarios de Lula y aquellos que no querían un extremismo de derecha que vaya en detrimento de las conquistas sociales que ha conseguido Brasil en estos últimos años, educación pública de alto nivel, salud pública, combate real al hambre, lucha tenaz contra la desnutrición, trabajo y seguridad social, pero también respeto a su autonomía, por ejemplo, aranceles, soberanía, política exterior, juegos de azar y apuestas, políticas de propiedad intelectual, marcas, patentes, fundamentalmente.

No se puede dejar de lado las iniciativas para que la gente vaya a votar, no se trataba solo de apoyar a Lula, se trataba de concretar el apoyo mediante el voto, que los sufragantes acudan a las urnas, si no había transporte, en lanchas, en motos, lo importante era ir a sufragar, hacer de cada simpatizante de Lula una voz que masifique los logros y lo que se perdería si ganaba Bolsonaro, trabajo de hormiga que se convirtió en una de las frases insignia de la campaña, Bora Lula, vamos Lula, con el que no solo lo impulsaron a él, sino fue un llamado a la acción y catalizador para todos quienes creyeron en la continuidad.

Es digno de reconocer el esfuerzo de una gran iniciativa “Exército do Lula” en español Ejército de Lula, impulsada por el diputado por Minas Gerais, André Janones quien creo y alimentó un chat de Whatsapp que superó en pocos días, los 10.000.000 de participantes y que sirvió de nexo y de informativo de campaña para combatir la ausencia de mensajes en redes, una prueba de que la redes, siendo importantes, no lo son todo, y que cuando se trabaja desde una estrategia coordinada, sí hay maneras de generar comunicación electoral.

El resultado de la elección del domingo mostró que Lula subió más de 10.000.000 de votos en esta segunda vuelta y Bolsonaro 3.600.000. El resultado final de la elección dice que Lula obtuvo el 51,79% y Bolsonaro el 48,21% de votos válidos, con lo cual no solo gana la elección, sino que logra mejorar su propio récord que lo obtuvo en 2022 en la disputa con Jair Bolsonaro en donde logró el 50,90%.

Bolsonaro, a mi modo de ver cometió varios errores, transmitió un odio desmedido durante toda la campaña, creyó que lo digital es todo, un error que le pasó factura frente a la movilización petista. En los debates perdió terreno por sus propios errores, por ejemplo, pensó aprovechar la falta de un dedo de la mano de Lula para burlarse llamándole “el 9 dedos”, lo cual lejos de lograr desmoronar al presidente se convirtió en una de las mayores fortalezas y su mano en una gran arma simbólica. Por último, en lugar de aceptar la derrota y aprovechar la oportunidad para presentarse como un demócrata salió con la tan trillada frase de fraude y de que pedirá la anulación de las elecciones.

Lula, que este 27 de octubre cumplió 81 años, deberá continuar por el camino de llevar a Brasil hacia la senda de éxito que el gigante de 203.000.000 de personas requiere.

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