La comunicación de los candidatos vs la ausencia de estrategias de campaña

Por: PhD © María Eugenia Molina

La estrategia política debe ser altamente difundible y la comunicación electoral no puede abstraerse de esa premisa, tanto en la elaboración, cuanto en la difusión del mensaje. Pues únicamente en la medida de que estos elementos estén imbricados y articulados, los candidatos y sus equipos de campaña podrán llegar con claridad a sus públicos objetivos y lograr permear en ellos y, consiguientemente, obtener el ansiado voto a favor de sus candidaturas. Sin embargo, para que un aspirante a un puesto de elección popular pueda alcanzar el liderazgo que se requiere para conquistar protagonismo en los votantes, debe contar con conocimientos respecto a los procesos mediante los cuales va a establecer sus relacionamientos con la gente para persuadirla y ganarse su confianza.

Para ello es fundamental que los candidatos y sus equipos desarrollen estrategias discursivas que vayan en sintonía con las necesidades de la ciudadanía, las tácticas y las acciones que desarrolle cada grupo dependerán de cómo pretendan generar recordación en su público meta. Algunos lo harán con discursos de corte más clásico, mientras que otros mediante las nuevas herramientas que tienen a disposición gracias a la tecnología, dígase mediante aplicaciones como TikTok u otras similares, que no son malas per se si están contenidas en políticas y estrategias robustas, que permitan a quienes se valen de ellas, emitir recordatorios que engloben formas y contenidos que los vuelvan atractivos en lugar de risibles, todo dependerá de qué forma se acerquen a tal o cual segmento del electorado, pues no todos los públicos deben ser abordados de la misma manera.

Ser candidato no es igual a ser líder, para lograr lo segundo se debe contar con algunos rasgos de primordial importancia; así, conocimiento de la realidad nacional y local, fluidez y desenvolvimiento verbal (que no es lo mismo que verborragia), manejo de la comunicación no verbal, capacidad de persuasión, pero también de escucha activa que le permita integrarse e interactuar con la gente, pues si no logra ser percibido de esa manera no alcanzará a incrementar su popularidad, recabar credibilidad y ante todo construir procesos integradores entre él/ella y sus conciudadanos.

En un campaña política tan corta y en medio de una crisis sanitaria, los ciudadanos queremos propuestas concretas relacionadas a los grandes problemas que enfrentamos en nuestro día a día, así mismo, los candidatos y sus equipos deben entender que la comunicación es una secuencia de acciones de doble vía, donde no se trata, solamente, de informar sino de poner en común un mensaje y tomarse el tiempo de incluir y valorar los criterios de los mandantes, sin perder de vista las altas dosis de elementos emotivos y simbólicos que rodean a los ciudadanos en este momento más que en ningún otro.

Los equipos de comunicación deben tener claro que la correcta conexión de sus candidatos, tanto a nivel discursivo como humano, en el que logren conectar y no repeler a los electores, basándose en propuestas concretas, creíbles, realizables y con visión de presente y futuro, son la conjunción más efectiva para llegar a la gente. “La política es un proceso de respuestas a problemas públicos que se hace presente en la comunicación…” (Hahn, 2003). Desde esta arista es innegable que como ciudadanos estemos ávidos de contar con actores políticos que presenten propuestas efectivas a los grandes problemas que nos aquejan y sobre los que aún no hay un pronunciamiento claro, pese a que temas como la pandemia, el desempleo, la corrupción, la falta de oportunidades, la violencia de género, la mendicidad y la delincuencia son una realidad y una constante; además, los candidatos deben tener claro que lo que omiten o las equivocaciones y errores que cometan, serán capitalizados por otros que harán de esos desaciertos, sus fortalezas.

De esta manera: “La comunicación política tendría lugar en la intersección de estos tres espacios simbólicos -el público, el político y el comunicacional…” (Amado, 2011). En efecto, tiene lugar en tales espacios, pero lo tiene también en la cotidianidad de las conversaciones de los hogares, de los grupos de amigos, de los compañeros de trabajo y de cada ciudadano que mira con intranquilidad y hasta con desconsuelo la realidad de su entorno y la suya propia; pensando en ellos, los integrantes de las listas deben construir sus mensajes y sus planes de campaña para lograr vínculos y conexiones con las necesidades de quienes esperan que les favorezcan con sus votos.