Por: María Eugenia Molina, Doctora Ph.D. en Comunicación. Posdoctorado en Política
Aunque en las últimas semanas varias ciudades del país se han visto afectadas por desconexiones eléctricas sin mayores explicaciones de por qué se producen, no es sobre ellas de lo que trataré en este artículo, me refiero a las que María José Pinto, quien ostenta no solo el cargo de Vicepresidenta de la República, sino que es la responsable del ministerio de Salud, una de las carteras de Estado con más problemas en su funcionamiento, pues la escasez de medicinas, la falta de insumos médicos, de citas con especialistas, turnos que se vuelven cada vez más difíciles de lograr, entre otros muchos obstáculos, hacen que la población sienta cada día más complicada la búsqueda de atención médica estatal.
Mientras la salud sigue sumida en una de sus más lacerantes crisis, María José Pinto se ha acostumbrado a ser noticia por algunos videos en los que ella es la protagonista, recordemos aquel incidente de enero pasado en el que, visiblemente alterada reclamó a una funcionaria de un centro de salud de San Antonio de Pichincha una presunta falta de atención, con gritos y expresiones no verbales de enojo; con un micrófono inalámbrico que ya tenía colocado en su blusa, fue captada en un video que se difundió en redes sociales, más allá de la molestia, el tono y modo del reclamo estuvo fuera de lugar, pues una autoridad debe saber que cualquier tipo de llamado de atención debe ser en privado para que se pueda mejorar, no debe tratarse de buscar la espectacularización.
Esta semana, Pinto volvió a ser viral por un video subido a su red social TikTok en el que se la puede ver columpiándose, con la mirada al horizonte, audífonos puestos en forma de diadema escuchando una melodía de una cantante ecuatoriana; las reacciones negativas no se hicieron esperar, la indignación de la gente se puso de manifiesto en las redes, pues hicieron referencia a que quien dirige los destinos de la salud del país no puede estar tan desconectada de la realidad que aqueja a la población, que su video muestra el nivel de quemeimportismo y no faltó quien diga que vive en otra realidad.
En momentos difíciles y en medio de temas sensibles para la ciudadanía, exponer un video con ese contenido es un error, porque mientras la funcionaria se columpia, hay quienes buscan desesperadamente un espacio para ser atendidos, dinero para una receta o una operación que puede ser la diferencia entre la vida o la muerte, porque el Estado no está cumpliendo con su responsabilidad primigenia de dar salud de calidad a su población, por eso cayó tan mal el TikTok de María José Pinto.
En comunicación estratégica lo hecho por la autoridad es autoinfligirse una crisis, es no tener medida de qué publica y qué repercusiones tendrá su contenido, es no mirar el contexto en que se lo difunde, es darse un tiro al pie y de paso hacerle un flaco favor a la comunicación, ya venida a menos, del gobierno del que ella es segunda mandataria, en un timing en el que se esperan noticias sobre avances reales en los procesos de mejora integral de salud, la funcionaria se hace grabar este desacierto que luego fue borrado sin más, con lo que cometen otro error, pues ya era tarde, el video fue viralizado antes de ser eliminado y lo hicieron sin dar explicación o disculpa alguna, aunque la mejor disculpa debería ser que se muestre una gestión eficiente para todos, fundamentalmente para los que más requieren de la salud pública.
Este episodio hizo recordar otro en donde Pinto hacía énfasis en que para evitar que los hospitales colapsen hay que hacer salud preventiva, chequearse antes de enfermar, lo cual podría ser una muy buena medida a adoptar si hubiesen las condiciones para ello, pero hoy por hoy la salud pública ecuatoriana no cuenta ni con lo mínimo necesario para atender a los pacientes, inclusive a los más graves, como los niños de Taisha que luchan por su vida, mientras una bebé de 3 meses falleció a causa de una neumonía, menos para dar atención preventiva. Entonces, desde esta realidad, la indignación y malestar por el video tiene total asidero, pues no es momento para columpiarse, la salud no se tararea.
Tampoco es del caso disminuir la responsabilidad de la segunda mandataria diciendo que “su equipo de comunicación la odia” como se lee en redes y en algunos análisis, no tengo conocimiento de quiénes conformen tal equipo, pero en ningún caso se puede pretender aminorar su obligación y recaer la competencia solo en su equipo, pues ella como figura pública y líder de ese equipo también está en la obligación de evitar estos yerros, en cualquier caso, es responsabilidad compartida entre ambas partes, no sé si su equipo la odie, esperemos que no, pero la autoridad debe tener la claridad para saber si lo que está posteando suma o resta.
Lo que sí es cierto es que la comunicación es un proceso que requiere altas dosis de responsabilidad, empatía, estrategia, timing, pero ante todo humanidad, máxime en circunstancias de riesgos o de crisis. Un ministerio como el de salud demanda autoridades que entiendan sus dinámicas, gestionen con eficiencia y eficacia, pero, ante todo, con humanidad.
Finalmente, es bueno que la señora vicepresidenta, su equipo, los demás funcionarios y sus equipos comprendan que Todo Comunica, que hay que hacerlo con estrategia y que cuando existan errores no se trata de bajar los videos, se trata de hacer gestión y comunicarla con solvencia, pues la comunicación es demasiado importante para dejarla al azar.




