Por: Felipe Pesantez
Ecuador se adentra nuevamente en un bosque sombrío, denso de incertidumbre, donde la niebla espesa impide ver más allá de los primeros árboles. Los ecuatorianos caminamos con los ojos vendados, tropezando con las mismas raíces que nos hicieron caer hace 18 años. Este bosque nos resulta extrañamente familiar. Ya estuvimos aquí en 2007, cuando un joven líder nos convenció de que el único camino hacia la luz era refundar el país desde sus cimientos. Ahora, en 2025, otro líder nos promete que la salida está en volver a empezar, en convocar una nueva constituyente que nos saque de la oscuridad.
Pero la historia nos enseña que no todas las salidas conducen a la claridad. A veces, los atajos prometidos solo nos adentran más profundamente en el laberinto.
El patrón que se repite
La semejanza entre 2007 y 2025 no es coincidencia, es patrón. Dos líderes jóvenes, ambos con energía bría y discursos transformadores. El primero prometió justicia social; el segundo, seguridad. Ambos llegaron con la misma receta mágica: una constituyente que refundaría la república. Lo que comparten no son solo sus promesas, sino su ambición de moldear un país a su imagen, y su disposición a usar cualquier medio para cumplir con su “llamado histórico”.
Los boomers y millennials cayeron en 2007. Ahora, millennials y centennials transitan el mismo sendero, siguiendo el mismo rastro que nos trajo aquí. Estamos dando vueltas en el bosque, convencidos de que avanzamos cuando en realidad repetimos los mismos errores con diferente vestuario.
Este bosque no solo está poblado de sombras sin rostro. Hay chirridos en sus recovecos, aullidos de criaturas mediáticas que amplifican el ruido, y llantos de semidioses políticos que se creen todopoderosos. Este estruendo perturba nuestros cinco sentidos, nos confunde y nos desorienta, llevándonos hacia las profundidades más oscuras donde los demonios de la violencia rompen cualquier vestigio de tranquilidad. Necesitamos ver dónde caminamos. Necesitamos luz que nos libre de las sombras y nos permita identificar la verdadera salida.
Las falsas promesas que nos guían
En medio de esta espesura, se nos ofrecen soluciones que suenan convincentes pero carecen de sustancia. Las bases militares extranjeras, por ejemplo, se presentan como la solución definitiva a nuestra crisis de seguridad. Sin embargo, la evidencia empírica cuenta otra historia. Durante la existencia de la base militar estadounidense en Manta, entre 1999 y 2009, la tasa de homicidios no disminuyó; al contrario, aumentó de 13 a casi 18 homicidios por cada 100,000 habitantes. En 2025, esa tasa ha escalado hasta 52 homicidios por cada 100,000 habitantes.
Colombia demostró que las bases militares pueden contribuir a la reducción de homicidios, pero solo cuando se combinan con mejoras en capacidades estatales, políticas sociales focalizadas y presión internacional. La simple presencia militar extranjera no es panacea; es apenas un elemento dentro de una estrategia integral que nosotros no estamos construyendo.
Otra promesa seductora es la designación de fondos públicos para organizaciones políticas. En teoría, esto fortalecería la equidad y el pluralismo democrático. En la práctica, dentro de un sistema de partidos corrupto y podrido como el ecuatoriano, es una utopía galeana. Mientras operan más de 200 organizaciones políticas que no responden a los ciudadanos sino a caudillos, grupos oscuros y dinero sin control, la calidad democrática seguirá comprometida. Quizás sea necesario ponerlas a competir de verdad, exigiendo que mantengan una base de apoyo electoral superior al 5% para sobrevivir.
La falacia de los números
La reducción del número de asambleístas se vende como mejora de representación, pero es una completa falacia. Esto afectará directamente a 13 provincias como El Oro y otras más, debido al cambio en la proporción de representación demográfica. Se pretende aumentar el requisito de 200,000 a 400,000 electores para obtener un escaño adicional por provincia, una medida respaldada por anexos llenos de puntos incorrectos, contradictorios e incoherentes.
El detalle nunca ha residido en la cantidad, sino en la calidad. Un número mayor de asambleístas podría favorecer la representación de la diversidad territorial, social y política del país, promoviendo el pluralismo y la inclusión de minorías. Un número reducido, por el contrario, favorece la concentración del poder y limita la rendición de cuentas. Nada garantiza calidad legislativa o democrática simplemente reduciendo cifras.
El espejismo de otra constituyente
Finalmente, llegamos al centro del bosque: la trampa de la refundación constituyente. Este camino es incierto y carece de garantías en un contexto de inseguridad extrema como el que vive Ecuador. Los niveles de confianza institucional son mínimos. Este proceso nunca se contempló en el plan de trabajo del oficialismo. En términos procedimentales, económicos y temporales, es un despropósito.
Los requisitos para ser constituyentes son idénticos a los de asambleístas actuales, por lo que no se garantiza nada mejor. No se especifica cómo la ciudadanía puede aportar proyectos vía plataformas digitales. Se ofrece inmunidad parlamentaria a unos pocos mientras muchos quedan sin protección. No se establece el propósito de mantener una asamblea nacional paralela a la constituyente. Y prometen procesos éticos cuando la asamblea vigente es incapaz de mantener estándares éticos básicos.
La luz que Necesitamos
La esperanza es escasa pero existe. Reside en quitarnos el velo de la ignorancia, los tapaoídos de la condescendencia y la mordaza de la sumisión. Ante cualquier promesa incumplida, el conocimiento y el pensamiento crítico serán la luz que nos permita cuestionar lo oficial y plantarnos en lo real.
No necesitamos adentrarnos más en el bosque. Necesitamos detenernos, mirar el mapa con claridad, y reconocer que ya recorrimos este camino antes. La salida no está en refundar, sino en construir con lo que tenemos, fortaleciendo instituciones en lugar de demolerlas, exigiendo calidad en lugar de cantidad, y demandando resultados concretos en lugar de promesas grandilocuentes.
El bosque seguirá siendo sombrío mientras insistamos en caminar con los ojos cerrados.
La opinión de Felipe Pesántez




