Por: Wilson Benavides Vásquez, analista político
A pocos días que el gobierno del presidente, Daniel Noboa, cumpla este próximo 24 un año en el poder de su segundo mandato, es claro que su estrategia de comunicación política -si es que esta existe- apunta abiertamente a construir una narrativa donde la veracidad de los acontecimientos es lo de menos.
Importantes plataformas como Lupa Media o Ecuador Chequea -que para mí son los únicos y quizá los últimos esfuerzos periodísticos serios en este país que rebasan la estridente vanidad de la opinología digital- han mostrado con datos empíricos como desde el poder se alteran cifras, están desactualizadas o simplemente son inexistentes.
Lupa Media, por ejemplo, realizó -durante estos últimos 365 días- un análisis de 50 promesas de la última campaña electoral del presidente Noboa, “verificables, medibles y de alto interés público”, así como de 86 declaraciones del primer mandatario en entrevistas, cadenas nacionales, redes sociales oficiales y discursos públicos. De estas últimas, estableció que el 55% fueron imprecisas o falsas en alguna medida.
Ecuador Chequea, por su parte, señaló las dificultades que enfrentan al exigir información pública a diferentes instituciones del Estado como la Fiscalía, Contraloría, Policía Nacional, entre otras, lo que hace que “la especulación y la desinformación sigan difundiéndose”. Según un balance trimestral realizado este año a 15 afirmaciones del presidente de la República, 9 son inverificables, 4 ciertas, una imprecisa y otra engañosa.
En un país acostumbrado a convertir en hechos las declaraciones públicas es claro que la “voz autorizada” del poder debe cumplir al menos tres requisitos básicos: 1) Credibilidad basada en datos reales y por tanto verificables; 2) Legitimidad política proveniente de elecciones libres, justas y competitivas; y 3) Solvencia técnica y argumentativa.
En la era de la virtualidad aún las palabras del poder importan y mucho porque -independientemente de las plataformas a través de las cuales se difundan- conectan los conceptos con los hechos. Por eso es fundamental que los inquilinos de Carondelet, cualquiera sea su filiación política, alimenten su discurso con los requisitos antes mencionados, de lo contrario, entra en riesgo su capital político y su credibilidad como lo reflejan las últimas encuestas.
De acuerdo con la última encuesta realizada esta semana por el CIEES con 820 casos en Quito y Guayaquil, el 80% considera la situación del país como mala o muy mala; el 22% señala a la inseguridad como el principal problema del país, seguido del “mal gobierno” con el 16% y la delincuencia organizada con el 12%. Paralelamente, la confianza en el presidente de la República cae diez puntos en dos meses del 33% en marzo al 23% en este mes.
Esto debería encender las alarmas en el gobierno, ya que uno de los pilares centrales de la gobernabilidad es el debate democrático en la esfera pública. Si el dato mata el relato como dice una máxima de la comunicación política, si no existen datos… la conclusión es obvia.




