Por: Héctor Calderón
¿Sabían ustedes que, en Ecuador, una mujer es asesinada cada 34 horas? ¿es posible que una sociedad se desarrolle cuando sus mujeres, sus jóvenes y niñas no pueden salir a la calle con tranquilidad?
Evidentemente no. El caso de la bebé de 9 meses encontrada, gateando, en una carretera en Santa Elena, luego de que su mamá haya sido asesinada, simplemente nos evidencia que, cada vez, descubrimos un fondo más profundo en nuestra sociedad.
A pesar de la propaganda gubernamental, la realidad es que en el Ecuador la violencia no cesa, las muertes violentas continúan, las desapariciones no se resuelven y los femicidios siguen ocurriendo. Mientras la primera dama, Lavina Valbonesi, y la ministra de la Mujer y Derechos Humanos, Ariana Tanca, se auto condecoran por su supuesta lucha en favor de la mujer; ya en el 2025, se han registrado 40 femicidios.
El 2024 fue un año de terror para las mujeres y niñas. 274 mujeres fueron asesinadas y más de 100 niños quedaron en la orfandad. La violencia de género no es una cifra fría, es una realidad que genera heridas profundas en nuestra sociedad.
Volvemos a preguntar, ¿puede una sociedad, en la que mujeres y niñas son asesinadas; alcanzar el desarrollo? ¿Puede un país, en el que las mujeres no están seguras en las calles, hablar de equidad y justicia? Es imposible. En el Ecuador no existe una política pública que busque erradicar los femicidios, la violencia de género. Las leyes hay, lo que no hay es la voluntad política y la conciencia social necesarias para profundizar el cambio. Se romantiza la violencia, se revictimiza a las afectadas, se condecoran entre autoridades, hacen tiktoks, se toman fotos, pero, al final del día, todo es un show.
Ahora que se vienen las elecciones presidenciales, pregúntate quién ha hablado de estos temas, qué candidato o candidata se ha preocupado por esta problemática y te ha dicho qué va a hacer para enfrentarla y erradicarla. La vida de nuestras madres, de nuestras hermanas, de nuestras hijas, debe ser una prioridad.
La opinión de Héctor Calderón