Modernización de la administración pública.-  Un proceso de adaptación olvidado

Por: Esteban Ron Castro

Si bien en nuestro país debemos aclarar y tomar en cuenta prioridades en la atención de ciertos problemas urgentes y constantes por parte de quienes ejercerán el nuevo gobierno como: salud, alimentación, seguridad, educación; existen otros que se los puede llamar como: necesidades intermedias. Las que si bien no constituyen un grupo de atención inminente, son procesos que coadyuvan a la mitigación de los prioritarios, a través de una política pública integradora y tecnificada que nos ayude con flujos de información inmediata.

Nos referimos, en este punto, a la modernización del estado. Pero no una modernización retórica o circunstancial, que busca poner parches a las necesidades y reclamos ciudadanos por intermedio de una tecnocracia de poca duración y que será modificada al poco tiempo de implementada o en el último de los casos desactualizada y dejada de lado.

Antes de “tecnologizar” tanto los procesos en la administración pública con la creación de portales y más portales web de los portales con un sinnúmero de usuarios y claves, el nuevo gobierno debe atender esta necesidad intermedia como una reforma estructural y consiente de las condiciones administrativas y económicas del país, en búsqueda de la eficacia y eficiencia mediante la modificación de una administración que trabaje mejor y cueste menos. Al mismo tiempo, que atienda las necesidades ciudadanas en época de pandemia, ya que no sabemos  cuánto tiempo más estaremos en condiciones inesperadas.

En los años noventa ya tuvimos una corriente en la renovación de la administración pública con una tendencia mundial,  en la que se la convirtió en un lugar común (de crítica, estudio, profesionalización, fuente de trabajo y aspiración política). Todo esto ante la tendencia mundial de la racionalización del gasto, la selección y propugnación de las nuevas formas de gestión, como la aplicación de administración empresarial a lo público.

Fue en Estados Unidos, donde bajo la premisa del “reinventing” (reinventado) el estado y el gobierno, se originó este movimiento de revisión y crítica de las formas conocidas de la administración estatal, buscando un sistema flexible y adaptable al cambio y como un proceso de constante cambio, pero en el que siempre se destacó a la concepción empresarial en lo administrativo. Aunque los objetivos estatales y de la empresa eran y son diametralmente opuestos.

¿Qué nos quedó de esta primera ola administrativa? un error de legitimación desde inicio. Es decir que el principio de la administración empresarial en el estado nunca fue defendida ni como propuesta, ni como resultados, por lo que la misma se perdió en el tiempo y fue suplantada por el concepto de gobernanza.

La gobernanza se ha manifestado a través de las publicaciones de los denominados “libros blancos” y ha traído efectos directos en la administración pública, el derecho administrativo y la intervención pública económica. Se la trató de complementar con conceptos de calidad en la gestión de la administración pública, inclusive elevando principios de la administración (ciencia administrativa) al derecho. Como por ejemplo, la eficiencia y eficacia, algo muy adecuado en cuanto a constituirse en herramientas de gobierno.

¿Qué nos quedó de la ola de gobernanza? la gestión de calidad reducida a protocolos con avales internacionales con falta de justificación científica y académica que permiten analizar el funcionamiento de los servicios administrativos y los procesos que se desarrollan. Pero ni por elevar principios de administración a principios legales en el aparato público nos quita el respeto a la ley y a la protección de interés general y el bien común.

Las necesidades intermedias se ubican justamente en el medio de todo, entre las historias repasadas en este artículo sobre la ejecución en la administración pública; entre la administración y el derecho; entre el protocolo y la ley; entre la ejecución y la justificación.

Lo importante de estas, es que al ser intermedias también pueden ser atendidas paralelamente a lo prioritario, pero su resultado ya no es intermedio, ya que este se sube al tren de lo prioritario. Posiblemente, todo esto suena a un juego de palabras o a un debate presidencial sin son ni ton. Pero a lo que si suena, es a que las necesidades nunca terminan y a que el gobierno, entrante o actual debe saber atenderlas de tal manera que al menos nos simplifiquen un trámite que puede poner en riesgo muchas cosas en la situación actual.