Tras tres décadas, un pontífice recorre personalmente las 14 estaciones del Vía Crucis en Roma. El gesto simbólico rinde homenaje al legado de Juan Pablo II y marca el primer Viernes Santo del nuevo papado.
Un retorno histórico a las raíces del rito
El papa León XIV protagonizó un evento sin precedentes en las últimas décadas durante este Viernes Santo en Roma. El pontífice cargó la cruz de madera a través de las 14 estaciones del Vía Crucis en el Coliseo.
Esta acción recupera una tradición que no se cumplía de forma integral desde 1994. Más de 30.000 fieles presenciaron el recorrido en un ambiente de profundo silencio y devoción bajo la luz de las velas.
Ataviado con vestiduras litúrgicas rojas, el obispo de Roma avanzó por el Anfiteatro Flavio y los Foros Romanos. Su participación activa contrasta con la dinámica de sus predecesores inmediatos, quienes limitaron su esfuerzo físico por motivos de salud.
El significado espiritual del gesto
Días antes de la ceremonia, León XIV explicó la motivación detrás de este sacrificio físico a los periodistas en Castel Gandolfo. El papa definió su acción como un signo de liderazgo espiritual y solidaridad humana.
“Esta voz dice que Cristo aún sufre hoy”, afirmó el pontífice durante su retiro previo. Aseguró también que carga todos los dolores del mundo actual dentro de sus oraciones personales durante el trayecto.
Las meditaciones de este año integraron reflexiones críticas sobre la guerra y los abusos de poder. El rito vinculó el martirio de los primeros cristianos con los desafíos contemporáneos de la humanidad.
Comparativa con papados anteriores
La práctica de portar la cruz durante toda la procesión fue una característica distintiva de Juan Pablo II desde 1979. Sin embargo, su cirugía de cadera en 1995 le obligó a reducir su participación en el recorrido.
Posteriormente, Benedicto XVI optó por cargar el madero únicamente en la primera estación dentro del Coliseo. Por su parte, el papa Francisco participó en la procesión sin cargar la cruz, hasta que su salud se deterioró antes de su fallecimiento el pasado Lunes de Pascua.
Solemne cierre en el monte Palatino
La procesión culminó en una plataforma ubicada en el monte Palatino, donde el papa dirigió su mensaje final a la multitud. Miles de peregrinos acompañaron el trayecto portando antorchas y libros de meditaciones.
Este acto se consolida como el momento más emblemático de la Semana Santa en la capital italiana. La decisión de León XIV fortalece la imagen de un papado enfocado en la cercanía y la resistencia espiritual.




