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¿Qué elegirías si puedes volver a nacer? Ecuador y la consulta popular del 2025 | Opinión

Por: Carlos Coronel, consultor político

Ecuador vuelve a las urnas este 16 de noviembre de 2025. Será la novena consulta popular desde 2006 y la decimoquinta en la historia nacional. Esta vez, el proceso tiene un propósito de fondo: la potencial construcción de una nueva Constitución.

La convocatoria agrupa tres preguntas de referendo y una de consulta popular; más allá de su forma y prospectiva, las preguntas trazan una dirección socialmente deseable y simbólicamente replicable: cambiar la manera en que se ejerce la política.

Respecto de este escenario electoral, la mayoría de los ciudadanos ha señalado que su voto dependerá del tema preguntado: 59% en agosto, 68% en septiembre y 64% en octubre, con datos de CIEES en cada uno de esos meses.

Este patrón confirma la inexistencia de un “cheque en blanco” hacia el Ejecutivo, y al mismo tiempo, la presencia de un mensaje político: el apoyo o rechazo no se ancla en la figura del gobierno, sino en la percepción sobre el contenido y alcance del cambio propuesto.

¿Por qué podría ganar el SÍ?

Lo que comprendemos en base a la investigación de opinión publica de CIEES, durante los últimos doce meses, delinea una estructura crónica de miedo: miedo a lo que pueda pasar y miedo a que nada cambie.

El país vive entre pesimismo sobre el presente y falta de esperanza en el futuro inmediato, con problemas reiterados en seguridad, economía y empleo, y un creciente malestar político.

Esa atmósfera de incertidumbre y cansancio social facilita la recepción de narrativas de ruptura; y la consulta popular expresa opciones en este sentido.

Entonces, la consulta popular —y en particular la idea de una nueva Constitución— podría operar como válvula de escape simbólica, un mecanismo para canalizar el malestar colectivo bajo la promesa de renovación institucional. El cambio, más que una consigna, aparece como una necesidad emocional y política.

En este contexto, la eliminación del financiamiento a los partidos es la pregunta con mayor respaldo y representaría un voto castigo a la crisis de representación. La desconfianza hacia la Asamblea Nacional, las movilizaciones de 2019, 2022 y 2025, y la disonancia constante entre expectativas ciudadanas y desempeño gubernamental, refuerzan la percepción de que la política debe ser corregida, más que defendida.

Así, el contexto emocional y social podría sostener un voto reformista antes que ideológico, similar a lo observado en la consulta de 2024 sobre el trabajo por horas: decisiones racionales frente al cambio, más que adhesiones políticas.

¿Por qué podría ganar el NO?

El mismo clima que impulsa la necesidad de cambio también contiene el riesgo de inmovilidad.

El miedo, cuando se prolonga, puede volverse parálisis. La ciudadanía quiere cambio, pero necesita claridad y confianza para decidir en qué dirección moverlo; e incluso si las condiciones de confianza y los resultados de  gestión son adversos, votar no podría implicar el mensaje de necesidades urgentes de ajuste hacia la gestión gubernamental.

La persistencia del temor y la incertidumbre podrían hacer que el discurso del cambio pierda tracción si no logra dotarse de contenido, coherencia narrativa y conexión emocional con las expectativas sociales.

El cambio necesita una forma que inspire y un relato que convoque.

En este marco, el tiempo disponible hasta la elección será una variable crítica. El calendario ajustado pone a prueba la capacidad de los actores políticos para convertir sus estrategias en presencia territorial y en relato público convincente.

Las próximas semanas definirán si los esfuerzos estratégicos, comunicacionales y territoriales logran consolidar una narrativa ganadora, o si la velocidad de la coyuntura diluye los mensajes antes de que puedan sedimentarse en la opinión pública.

Ecuador se encamina a una consulta donde miedo y esperanza coexisten como fuerzas de decisión. No se trata únicamente de aprobar o rechazar cuatro preguntas, sino de definir cómo el país transforma su descontento en dirección política; abriendo potencialmente el debate siguiente: la conversación constituyente.

De lo que ocurra el 16 de noviembre (y después) dependerá si la consulta se convierte en un punto de inflexión o en un nuevo episodio dentro del ciclo de expectativas incomprendidas, insatisfechas o incluso invisibles.

Consideración

Este análisis debe leerse en función del corte de investigación de mediados de octubre de 2025 y del alcance geográfico limitado a Quito y Guayaquil. Por ello, será necesario realizar una nueva medición más amplia y cercana a la elección, que incorpore componentes cuantitativos y cualitativos, para comprender no solo la intención de voto, sino las motivaciones, temores y símbolos que la configuran.

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