Por: Héctor Calderón
Las elecciones de este 9 de febrero demuestran el nivel de polarización en el que vive el país. Tanto Daniel Noboa como Luisa González alcanzaron el 44% de los votos; es decir cerca del 90% del electorado se decantó por una de las dos opciones, que -claramente- han demostrado ser diametralmente opuestas.
En este escenario, ¿quién ganó? En primer lugar, la democracia y la transparencia. A pesar de las denuncias de fraude, las encuestas truchas, los falsos rumores propagados desde los voceros mediáticos del gobierno; al final, primó la voluntad popular y habrá segunda vuelta.
Pero también gana la Revolución Ciudadana. La candidata de la lista 5 alcanza una votación que supera el porcentaje logrado por la RC en las últimas elecciones. También gana el progresismo porque, si al 44% de Luisa, sumamos el 5% de Leónidas Iza, evidenciamos que casi el 50% de la población votó por esta tendencia.
A pesar de alcanzar la segunda vuelta electoral, el gran perdedor es el presidente – candidato. Pierde porque su exit poll y sus periodistas aliados lo dieron como ganador durante toda la jornada, inclusive avizorando una victoria en primera vuelta. Noboa pierde porque no dio la cara. Sus simpatizantes lo esperaban en Quito y decidió no aparecer, lo que demostró que los resultados no fueron lo que esperaba. Noboa también pierde porque no le sirvió de nada pisotear la ley, hizo lo que quiso con la vicepresidenta y se burló del sistema electoral al no pedir licencia para la campaña.
Estos resultados deben marcar un enorme desafío para los unos y los otros. Para el presidente – candidato es un llamado de atención. No es suficiente el TikTok ni las bravuconerías. La crisis energética, el desempleo, las desapariciones y la inseguridad le pasan factura. No ha sido capaz de mostrar resultados. Para Luisa González y su movimiento, el desafío será lograr un consenso en el progresismo, convertirse en la figura que unifique a la izquierda del país y evitar el famoso “nulo ideológico”.
Más allá de candidatos y movimientos, nos alegra que hayan triunfado la democracia y la transparencia; el respeto y la esperanza.
Ecuador tiene que levantarse, en paz, en unidad, con compromiso y conciencia social.
La opinión de Héctor Calderón