Por: Wilson Benavides Vásquez, analista político
El conflicto armado interno declarado por el gobierno de Daniel Noboa en enero de 2024 luego de la toma armada de TC Televisión por parte de un grupo de delincuencia organizada, ha dejado una estela de dolor que ha convertido al Ecuador en uno de los países más violentos del mundo.
De acuerdo con datos oficiales, nuestro país alcanzó más de 4000 muertes violentas en lo que va del 2025, mientras que la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes se incrementó de seis en el 2018 a 38 el año pasado.
Aunque el gobierno logró recapturar al líder de “Los Choneros”, Adolfo Macías Villamar, alias “Fito” hoy extraditado a los Estados Unidos, los índices de inseguridad siguen en cifras rojas a tal punto que colocan a todos los ecuatorianos como potenciales blancos o daños colaterales de una guerra ajena.
Lo sucedido el último fin de semana en el cantón Playas, provincia del Guayas, donde nueve jóvenes fueron asesinados con armas largas a plena luz del día mientras compartían un momento de esparcimiento entre amigos de la infancia, es simplemente inaudito.
De acuerdo con publicaciones de prensa, el Municipio de Playas confirmó que tres de los asesinados eran empleados municipales: Carlos Mario Yagual Carrillo (hijo del concejal Carlos Yagual Reinoso), Ángel Montaguano Mejía y Bryan Cayancela Mayorga. Las otras víctimas, eran Lucas Salinas, Erick Robalino, Johao Martínez Alejandro, y Hendryck Stiven Pincay Alejandro.
Ese escalofriante hecho nos coloca ante un escenario donde absolutamente todos estamos expuestos a convertirnos en posibles víctimas colaterales por estar en el momento y en el lugar equivocados.
No es posible que la reacción del gobierno nacional ante lo sucedido en Playas sea el silencio tanto del presidente Noboa como de los ministros del Interior y de Defensa, que no se pronunciaron de manera inmediata ni siquiera en sus cuentas de redes sociales, dejando a la sociedad en su conjunto con un sentimiento de desamparo, al que parece que ya nos estamos acostumbrando.
¿Dónde quedaron las pomposas “marchas blancas” organizadas por el entonces alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot (PSC), para exigir seguridad al gobierno central? ¿Dónde quedaron los furibundos reclamos que líderes de opinión realizaban otrora desde diferentes espacios? ¿Dónde quedó la capacidad de asombro de la sociedad ecuatoriana que ha normalizado los asesinatos como una cosa de rutina?
Y mientras tanto, la Asamblea Nacional juega en su propio terreno donde el escándalo mediático y la construcción del espectáculo político han reemplazado no solo al argumento lógico sino incluso al más elemental sentido de solidaridad humana.
El efecto psicológico que a nivel social tienen eventos como el del cantón Playas es devastador en la medida en que poco a poco esta segunda pandemia que es la de la inseguridad, nos está condenando a encerrarnos cada vez más en guetos infranqueables donde la desconfianza interpersonal e incluso la violencia cotidiana están redefiniendo el tejido social en el que cualquier ciudadano puede convertirse en una víctima colateral.
La opinión de Wilson Benavides




