Por: Andrea Velásquez, docente de Marca Personal y Media Training
El Ecuador vive semanas de alta sensibilidad social: la subida del diésel, la marcha en Cuenca contra la minería, y el anuncio reciente del presidente Daniel Noboa sobre un referéndum y consulta popular respecto a bases militares y una eventual Asamblea Constituyente han vuelto a poner en primer plano la necesidad de una comunicación gubernamental clara, estratégica y responsable. En momentos de debate nacional, la información debe fluir con transparencia, acompañada de voceros capaces de explicar el contexto y los impactos de cada decisión.
Voceros preparados, mensajes coherentes
Como señalamos en investigaciones recientes, el rol del vocero en la era digital exige combinar habilidades tradicionales argumentación, empatía, manejo de crisis, con destrezas para interactuar en entornos de inmediatez. No basta con aparecer en redes sociales (medios sociales); es necesario que cada portavoz posea un dominio profundo del mensaje, capacidad de responder preguntas y sentido ético para priorizar el interés público sobre el cálculo político.
Estudios sobre vocería en el nuevo ecosistema mediático muestran que los mensajes improvisados o la ausencia de coordinación entre portavoces erosionan la credibilidad y amplifican la desinformación. Los voceros deben anticipar escenarios, preparar respuestas con base en datos verificables y usar un lenguaje comprensible para distintos públicos: campesinos, empresarios, estudiantes, comunidades indígenas o ciudadanos urbanos.
El rol de la ciudadanía y la alfabetización mediática
La responsabilidad no recae solo en el gobierno. Como ciudadanía, necesitamos herramientas para evaluar discursos, verificar fuentes y exigir claridad. Desde nuestro Grupo de Investigación Comunicación, Educación y Tecnología de la UTPL, hemos insistido en que la alfabetización mediática e informacional (AMI) fortalece el pensamiento crítico y empodera a las audiencias para participar con argumentos y no con rumores. Un Ecuador con audiencias críticas y voceros formados es un país más preparado para discutir políticas energéticas, reformas institucionales o proyectos extractivos sin caer en la polarización ni en la manipulación informativa.
La comunicación gubernamental debe ser un servicio público orientado al bien común, no un instrumento de propaganda ni un ejercicio de improvisación. Profesionales entrenados, mensajes consistentes, datos claros y un compromiso con la transparencia son condiciones indispensables para sostener la confianza social.
Simultáneamente, urge consolidar políticas que fomenten el pensamiento crítico y la alfabetización mediática e informacional desde la escuela hasta el ámbito comunitario, de manera que todos, funcionarios, periodistas y ciudadanos, compartamos una base común de comprensión crítica. Solo así podremos construir consensos informados y fortalecer nuestra democracia en tiempos de cambio.
Sugerencias para fortalecer la comunicación oficial
Aunque el Gobierno cuenta con una vocera oficial, Carolina Jaramillo, resulta indispensable implementar acciones complementarias de comunicación. La sola existencia de una portavoz no basta para garantizar que la ciudadanía reciba mensajes claros y consistentes en situaciones complejas. Se requiere un trabajo articulado con otros representantes ministeriales, técnicos y líderes territoriales, así como la apertura de canales de diálogo directo con sectores productivos, comunidades y medios locales. Este esfuerzo, coordinado y planificado, permite diversificar los formatos, ampliar los públicos y consolidar la transparencia institucional, reduciendo los vacíos informativos que generan especulación y desconfianza.
Dejo aquí, algunas sugerencias con mi preocupación desde la academia por tener una comunicación clara y un pensamiento crítico que aporte a construir la sociedad que queremos:
- Planificación y entrenamiento continuo: Implementar programas de capacitación para voceros en técnicas de argumentación, escucha activa y control emocional, incluyendo simulaciones de entrevistas y manejo de crisis en medios digitales.
- Segmentación de audiencias: Adaptar mensajes a los códigos culturales y al lenguaje de cada grupo, considerando las plataformas que utilizan y su nivel de alfabetización mediática.
- Presencia digital responsable: Usar redes (medios sociales) como TikTok o X para informar, pero complementarlas con espacios de diálogo directo (ruedas de prensa, encuentros comunitarios). La inmediatez no debe sustituir la transparencia ni la interacción crítica.
- Gestión de reputación y marca personal: La reputación digital de periodistas y, por extensión, de voceros depende de la coherencia entre valores, acciones y mensajes. Cada portavoz debe cuidar su huella digital, diferenciar información personal de institucional y proyectar autenticidad.
- Integración con los medios y actores locales: Trabajar con periodistas, influencers y líderes comunitarios para difundir mensajes clave, evitando la tentación de sustituir el diálogo plural por monólogos oficiales.
Referencias
Paladines-Galarza, F., Valarezo-González, K., Velásquez-Benavides, A., & Gutiérrez, N. (2021). La importancia del perfil del comunicador gubernamental en la gestión de crisis y en el entorno digital. Sistemas, Cibernética e Informática, 18(1), 30–38.
Velásquez Benavides, A. V., Vela Vinces, F., & Rodríguez-Hidalgo, C. (2024). Voceros y periodistas en la era digital: Comunicación, opinión pública y nuevas plataformas. Revista ComHumanitas, 15(2), 143–157.
Robledo Abendaño, K., Velásquez Benavides, A., & Abendaño Ramírez, M. (2025). Marca personal periodística, la estrategia para una reputación online. Revista ComHumanitas, 16(1), 129–149.




