Las tensiones en Oriente Medio volvieron a encender las alarmas globales este 22 de junio, luego de que el Parlamento de Irán aprobara el cierre del estratégico Estrecho de Ormuz. La decisión se tomó tras el bombardeo de Estados Unidos a tres instalaciones nucleares iraníes, en un contexto de creciente escalada militar en la región.
El anuncio del cierre, divulgado por medios como Reuters y Al Arabiya, citó a la cadena estatal Press TV. Sin embargo, la implementación final de la medida dependió del aval del máximo órgano de seguridad iraní.
Los mercados energéticos reaccionaron de inmediato. En días previos, el cruce de ataques entre Israel e Irán ya había generado un alza en el precio del crudo, y ahora se sumó la amenaza directa al paso marítimo por donde circula cerca del 20% del petróleo global. Solo en el primer trimestre de 2025, el estrecho registró un promedio de 20,1 millones de barriles diarios, según la Agencia de Información Energética de EE. UU. (EIA).
Este corredor naval, ubicado entre Irán y Omán, es fundamental para el tránsito de grandes buques petroleros y metaneros. Cualquier interrupción, incluso temporal, puede generar demoras en el suministro, elevar los costos de transporte y empujar los precios energéticos a nivel mundial, advirtió la agencia.
Aunque el cierre afectaría a todo el comercio global de crudo, su impacto directo recaería en Asia. Países como China, India, Corea del Sur y Japón son los mayores receptores del petróleo que cruza por Ormuz. China, por ejemplo, incrementó sus importaciones por esta vía a 5,4 millones de barriles diarios, un 12,5% más que en 2024. En contraste, Estados Unidos solo recibió un 1,9% del petróleo que pasó por el estrecho, y Europa, un 3,4%.
Arabia Saudita sería uno de los exportadores más golpeados, ya que canaliza cerca de 5,3 millones de barriles diarios por esa ruta. Iraq, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y el mismo Irán también verían interrumpidas sus exportaciones si se ejecuta el cierre.
El gas natural licuado (GNL) también podría verse afectado. En 2023, una quinta parte del GNL global transitó por el estrecho. Sin embargo, países como España, con tanques de reserva al 73,45% y abastecimiento diversificado (principalmente desde EE. UU. y Argelia), no sufrirían un impacto inmediato.
A pesar de la incertidumbre, las reservas de gas europeas se encontraron en niveles similares a los registrados durante los meses más críticos de la crisis energética en 2022, lo que ofreció cierto margen de maniobra en medio de la nueva amenaza regional.




