Por: Felipe Pesantez
Imagina por un momento que estás jugando a la cartas, pero no conoces las reglas del juego. Mientras tanto, los otros dos jugadores en la mesa ya han decidido quién va a ganar y cómo van a repartirse las fichas. Eso es exactamente lo que está pasando con el conflicto en Ucrania: Trump y Putin están jugando una partida donde ellos controlan las cartas, y el resto del mundo cree que tiene voz y voto.
Tanto Trump como Putin han perfeccionado el arte de hacer creer a otros países que tienen opciones reales. Es como cuando tu jefe te pregunta si prefieres trabajar el sábado o el domingo, dándote la “libertad” de elegir, pero nunca la opción de no trabajar ninguno de los dos días. Ucrania, la Unión Europea y el resto de la comunidad internacional están viviendo bajo esta ilusión. Creen que pueden influir en el resultado, que sus decisiones importan. La realidad es brutal: están jugando con las reglas que Trump y Putin han establecido, en un tablero que ellos han diseñado.
Trump: el vendedor de paz que negocia guerra
No te dejes engañar por la narrativa de Trump como “pacificador”. Su estrategia es genial desde una perspectiva maquiavélica: se posiciona como el salvador que va a resolver lo que “administraciones anteriores” no pudieron. Es marketing político de alto nivel.
¿Su as bajo la manga?
Las “garantías de seguridad” de la OTAN para Ucrania sin que sea miembro. Suena generoso, pero es como prometer que vas a cuidar la casa de tu vecino mientras le das las llaves al ladrón. Trump sabe que estas garantías no valen nada si Putin no las reconoce. El verdadero golpe maestro de Trump es que, independientemente del resultado, él sale ganando. Si hay “paz”, él la negoció. Si sigue la guerra, él “intentó” pararla. Es una apuesta sin riesgo.
Putin: el maestro de la paciencia estratégica
Mientras Trump juega para las cámaras, Putin juega para la historia. Su estrategia es simple pero devastadoramente efectiva: crear hechos consumados sobre el terreno y luego forzar al mundo a reconocerlos. Lugansk, Donetsk, Mariúpol, Melitópol y Crimea no son “territorios en disputa” para Putin; son partes de Rusia. Su mensaje es claro: pueden seguir hablando de derecho internacional todo lo que quieran, pero él ya tiene las llaves de la casa. Y aquí viene un elemento más, Putin usa el miedo europeo como arma. Europa teme que cualquier concesión sea vista como luz verde para futuras invasiones pero Putin sabe que Europa también teme una guerra prolongada. Es un chantaje emocional perfecto.
¿Qué pasaría si Ucrania no fuese el juego real? Y si a loe mejor este conflicto nunca fue realmente sobre Ucrania. A lo mejor este conflicto es sobre redefinir las reglas del orden mundial post-Guerra Fría. Es sobre demostrar que las instituciones internacionales son papel mojado cuando dos superpotencias deciden ignorarlas.
China está tomando notas desde la barrera. Si Putin logra anexar territorios y Trump lo valida como “igual”, ¿qué mensaje envía eso sobre Taiwán? ¿Sobre el Mar del Sur de China?
La trampa final: el encuentro tripartido
Cuando finalmente se siente Trump, Putin y Zelensky en la misma mesa, no será una negociación. Será una firma. Ucrania llegará a esa mesa ya derrotada, con solo dos opciones: una mala y otra peor. Es como el famoso dilema de los cuernos del toro que menciona el documento original: no importa hacia dónde corras, siempre hay una punta afilada esperándote. Y en el medio, atrapado, estará Zelensky firmando lo que Trump y Putin ya acordaron en privado.
El mundo “multipolar” que se está construyendo no es necesariamente más justo que el unipolar que estamos dejando atrás. Solo tiene más jugadores principales. Y estos jugadores han aprendido que las reglas se pueden cambiar si tienes suficiente poder para hacerlo. Para nosotros, como audiencia de este gran teatro geopolítico, queda la lección más amarga: reconocer cuándo estamos viendo un espectáculo y cuándo estamos viendo la realidad.
La opinión de Felipe Pesántez




