Por: Náhuel Mendoza, analista político
En política, como en los negocios, nada es “neutral”. Daniel Noboa insiste en vender la idea de que gobierna desde un supuesto “centro”, sin ideología. Puro marketing: todo gobierno responde a una visión del mundo, y en el caso de Noboa esa visión es la del manual neoliberal clásico.
La receta neoliberal: destruir lo público para venderlo barato
El libreto es conocido. Primero se sabotea lo público: desfinanciación, despidos, precarización y caos deliberado. Después se vende la idea de que “lo privado” es la única salida. Así, los ciudadanos pasan de exigir derechos a conformarse con pagar servicios que antes estaban garantizados por el Estado. Es la prostitución de un país entero, repartido en pedazos para el banquete de unos pocos.
Dictadura con publicidad millonaria
El barniz democrático se sostiene con encuestas amañadas, consultas populares diseñadas para blindar el poder y una Corte Constitucional rodeada de marchas pagadas y tanques de guerra. A falta de resultados, el gobierno invierte más de 17 millones de dólares en publicidad: no para rendir cuentas, sino para imponer narrativas y fabricar enemigos. Opinólogos a sueldo dictan sentencia desde un micrófono: quién es el héroe, quién es el villano, quién merece ser linchado en la plaza pública mediática.
Salud: negocio redondo para el clan Noboa
La salud pública es el mejor ejemplo. Despidos masivos de médicos y administrativos, hospitales sin medicinas ni insumos, pacientes rebotados de ventanilla en ventanilla. Mientras tanto, las clínicas privadas —casualmente vinculadas a los círculos empresariales del poder— aparecen como la solución milagrosa. No se paga a dializadoras, no se mantiene infraestructura, no se cubren servicios básicos como limpieza y seguridad. Todo encaminado a la gran “solución”: privatizar hasta la última cama hospitalaria y el último respirador.
Ecuador, sucursal del holding
La estrategia es tan burda como efectiva: debilitar lo público, criminalizar la protesta, convertir derechos en mercancías y la política en negocio familiar. Así, Ecuador corre el riesgo de convertirse en una filial más del conglomerado Noboa. Una empresa donde los accionistas ya están definidos… y los ciudadanos apenas figuramos como clientes cautivos.
Agárrense: lo que se viene no es un país, sino una franquicia, para seguir enriqueciendo a las élites.
La opinión de Náhuel Mendoza




