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Conflicto israelí-palestino ¿acuerdo de paz o pausa armada? | Opinión

Por: Felipe Pesantez

La firma del Acuerdo de Paz para Gaza en Egipto, mediado por Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump, ha sido celebrada internacionalmente como un logro diplomático. Sin embargo, una lectura atenta de sus alcances revela que se trata más de una tregua frágil que de una solución definitiva al conflicto palestino-israelí.

El mérito de Trump radica en haber reunido a actores históricamente enfrentados: Benjamin Netanyahu y líderes árabes como el Rey Abdullah de Jordania. Su estilo de negociación —caracterizado por amenazas iniciales seguidas de diálogo— logró lo que parecía imposible. No obstante, sus declaraciones sobre reubicar palestinos o convertir Gaza en un centro turístico revelan una comprensión superficial del conflicto, aunque estas propuestas no llegaron al acuerdo final.

Los cimientos del acuerdo: los acuerdos de Abraham

Debemos retroceder al primer mandato de Trump y los Acuerdos de Abraham para entender la situación de hoy. Aquellos tratados normalizaron las relaciones entre Israel y varios países árabes, creando una alianza pragmática contra Irán, el enemigo común percibido como desestabilizador regional. Esta coalición permitió a Israel responder con fuerza devastadora a los ataques del 7 de octubre de 2023, contando con el apoyo tácito de vecinos árabes.

Sin embargo, ese respaldo se erosionó cuando se confirmaron acusaciones de actos genocidas contra la población palestina. El punto de inflexión fue el ataque israelí a Catar, lo que forzó a Washington a adoptar una postura más firme exigiendo el cese de hostilidades.

¿Qué contiene el acuerdo?

El plan contempla cuatro ejes: cese del fuego y liberación de rehenes, desarme gradual, nueva gobernanza palestina con financiación para reconstrucción, y la creación de una Fuerza Internacional de Estabilización integrada por Egipto, Jordania, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Catar. El resultado más visible es el cese del fuego israelí en Gaza y el intercambio de rehenes vivos. Pero llamar “paz” a esto sería una exageración.

El acuerdo es, en el mejor de los casos, un respiro temporal.

Los puntos críticos ignorados

Tres cuestiones fundamentales quedan sin resolver. Primero, la negativa israelí categórica a la creación de un Estado palestino, mencionándose incluso alternativas como “Isratina”, un Estado plurinacional que parece más fantasía que proyecto viable. Segundo, la anexión de facto de Cisjordania continúa, con colonos israelíes estableciéndose en territorio palestino. Tercero, el futuro de Hamás: su desarme total es poco realista si no se aborda la gobernanza palestina de forma seria.

Además, Israel desconfía profundamente de la Fuerza Internacional de Estabilización. Netanyahu ya ha reinterpretado el acuerdo, declarando que las Fuerzas de Defensa de Israel permanecerán en Gaza más allá de lo pactado.

¿Cómo puede funcionar una fuerza internacional si el país ocupante rechaza su autoridad?

La filosofía detrás del acuerdo

En su discurso ante el Kneset, Trump proclamó el “fin de una era” y enfatizó que la paz se consigue mediante la fuerza. Esta visión refleja su doctrina de política exterior: la paz no es negociación entre iguales, sino imposición del más fuerte. Si bien esto puede generar treguas temporales, difícilmente construye paz duradera.

La buena relación personal de Trump con Netanyahu y los líderes árabes facilitó el acuerdo, pero las relaciones personales no sustituyen las soluciones estructurales. La escasez de recursos en Gaza, la situación demográfica explosiva y la ausencia de claridad sobre la retirada total del ejército israelí son bombas de tiempo.

¿Qué viene después?

Netanyahu lo dijo claramente: las hostilidades pueden reanudarse. Para Israel, cualquier discusión sobre un Estado palestino es motivo suficiente para retomar operaciones militares. Mientras tanto, Hamás —o su reencarnación— esperará el momento para reorganizarse en Gaza, si es que ya no empezó.

La paz está lejos. Lo que tenemos es una pausa que beneficia más a Israel que a los palestinos. Trump podrá declarar victoria, pero la historia juzgará este acuerdo no por el silencio temporal de las armas, sino por su incapacidad para resolver las causas profundas del conflicto.

La comunidad internacional celebra hoy. Los palestinos, en cambio, siguen esperando justicia.

La opinión de Felipe Pesántez

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