Hablar de comunicación responsable con perspectiva de género es mirar de frente aquello que solemos normalizar. Esa es la premisa que guiaron Giovanna Tassi, técnica local del proyecto Nos Crecieron Alas de Fundación ALDEA y consejera de la Red de Mujeres Amazónicas, y el periodista Fabricio Vela, fundador de Primera Plana, durante una conversación donde desarmaron mitos y evidenciaron fallas profundas en el sistema mediático ecuatoriano.
Giovanna lo plantea sin rodeos: los medios tradicionales siguen contando la violencia contra las mujeres como si fuera un simple suceso, sin análisis ni encuadre que permita entender causas, impactos o urgencias. “Más allá de una crónica, no hay un enfoque estructural”, lamenta. Y sus cifras lo confirman: la Fundación ALDEA publicará este 25 de noviembre un mapa actualizado sobre femicidios en Guayas desde 2014, año en que entró en vigencia la Ley para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres. El conteo preliminar ronda los 350 femicidios, un número que debería encender alarmas, pero que suele quedarse en notas breves sin mayor reflexión.
La experta recuerda que tampoco se analiza el aumento de embarazos adolescentes o la violencia contra niñas, niños y adolescentes. “No hay atención, solo titulares sueltos”, advierte. Y sin ese análisis, los medios terminan replicando micromachismos presentes en expresiones públicas que pasan de largo: desde justificar el mal carácter de una mujer con frases como “le agarró el genio”, hasta celebrar decisiones estatales sin revisarlas desde la autonomía y los derechos.
Cosificar no es un show: la responsabilidad del entretenimiento
Fabricio Vela coincide: aunque hay avances, la comunicación ecuatoriana está lejos de superar la cosificación de la mujer. Recuerda un caso reciente en un programa deportivo digital, donde una panelista fue expuesta con un vestuario dirigido al morbo más que a su aporte profesional. Las redes criticaron el hecho, pero para el periodista el problema de fondo sigue intacto: “No hemos madurado. Todavía tratamos a la mujer como figura decorativa.”
Este fenómeno no es nuevo: por años, los noticieros presentaban a hombres como líderes de opinión y a mujeres como meras lectoras de textos. “Ese era su rol: leer. Nada más”, señala Vela. Si bien en algunos espacios eso ha cambiado, el desafío ahora es garantizar que las mujeres participen también como analistas, entrevistadoras, moderadoras y creadoras de contenido.
La irrupción de los medios digitales ha abierto puertas y derribado jerarquías. Las plataformas permiten voces diversas y comunicación de doble vía. Pero aun así, “hay que seguir trabajando”, insiste Vela. El debate público se enriquecerá solo cuando las mujeres puedan ocupar espacios sin que su presencia sea cuestionada o sexualizada.
¿Objetividad o indiferencia? El dilema al informar sobre violencia de género
Un punto clave surge en la conversación: ¿deben los medios ser “imparciales” frente a hechos de violencia de género? Giovanna es contundente: no se trata de tomar partido político, sino de tomar partido por los derechos humanos. La violencia de género no es un suceso neutro: tiene raíces históricas, sociales y estructurales. Contarla sin contexto solo invisibiliza la problemática.
Los medios, explica, deben abandonar la pasividad informativa y convertirse en actores que promuevan reflexión, prevención y educación. Eso implica revisar el lenguaje, evitar justificativos para los agresores, no romantizar relaciones violentas, no publicar contenidos revictimizantes y priorizar datos que permitan comprender el fenómeno en toda su complejidad.
Hacia una comunicación que transforme
La entrevista deja una conclusión clara: una comunicación responsable no solo informa; también cambia realidades. Requiere formación, sensibilidad y voluntad editorial. Requiere preguntarse qué historia contamos, por qué la contamos y a quién beneficia.
Porque mientras los femicidios aumentan, los embarazos adolescentes crecen y los micromachismos se normalizan, los medios tienen dos caminos: repetir la narrativa que sostiene estas violencias, o construir una nueva que las cuestione.
La responsabilidad está sobre la mesa. Y el cambio también.




