La Encuesta de Condiciones de Vida revela que casi nueve de cada diez personas LGBTIQ+ sufren violencia psicológica. La falta de denuncias responde al temor hacia el propio círculo cercano y a la desconfianza en la justicia.
La violencia y discriminación contra la población LGBTIQ+ en Ecuador mantiene un elevado subregistro de denuncias debido a que la mayoría de los abusos, ocurren dentro del propio hogar, es decir, son realizadas por sus familiares más cercanos (padres, madres, hermanas, hermanos, tíos, tías, abuelas, abuelos, entre otras).
Lucy Villegas, coordinadora del Club Running LGBTIQ+ Marik y activista de la organización Status Quo, advirtió que la falta de cifras oficiales oculta las agresiones sistemáticas e invisibiliza actos violentos y discriminatorios, como la homofilia, que terminan en delitos graves incluidos los homicidios y asesinatos en contra de personas de personas trans y no binarias.
La activista analizó los datos de la primera Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población LGBTIQ+ en Ecuador, desarrollada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) junto al Ministerio de Gobierno y a la cooperación internacional.

Fuente: Encuesta de Condiciones de Vida LGBTIQ+ (INEC / PreViMujer).
El hogar se consolida como el principal espacio de agresión y discriminación
Los datos del estudio revelan que el 89,8 % de las personas LGBTIQ+ ha sufrido violencia psicológica a lo largo de su vida.
Asimismo, el 37,9 % de la población encuestada vivió agresiones motivadas directamente por prejuicios hacia su orientación sexual o identidad de género.
El ámbito familiar concentra la mayor proporción de ataques, con un 74 % de los casos reportados.
“Existe un subregistro porque la violencia ocurre en la casa. Las personas no denuncian en su propio hogar o les dicen que no es buena idea hacerlo”, afirmó Villegas durante la entrevista.
Desconfianza institucional y vacíos en el sistema de justicia
La activista sostuvo que las personas de la comunidad LGBTIQ+ no perciben a las fuerzas del orden ni a las dependencias judiciales como espacios de protección.
Según Villegas, el sistema de justicia ecuatoriano mantiene una estructura binaria y patriarcal que desgasta psicológicamente a quienes intentan presentar una denuncia.
Como ejemplo de la inacción estatal, citó el caso de Rick, un joven que se suicidó tras sufrir acoso escolar discriminatorio y cuyo proceso judicial permanece estancado en la Fiscalía desde hace más de un año.
“¿Cómo confiar en un sistema de justicia que no ha hecho nada por un joven que fue violentado dentro de una institución educativa?”, cuestionó la entrevistada.
Discriminación laboral y la respuesta desde el deporte
La exclusión económica y discriminación afecta de forma severa, donde un 17 % de la población LGBTIQ+ se encuentra en situación de desempleo. Por lo que una de cada diez personas de la comunidad LGBTIQ+ recurre al trabajo sexual debido a la falta de oportunidades laborales, siendo las mujeres trans las más perjudicadas Frente a la ausencia de políticas públicas efectivas, organizaciones sociales promueven espacios autofinanciados de integración a través del deporte. Como, por ejemplo: el colectivo Status Quo que impulsa el club de atletismo Marik, una iniciativa comunitaria donde utiliza el espacio público para brindar seguridad física y emocional a sus participantes.
“Nos apropiamos de un vocablo que se utilizó históricamente como insulto para construir espacios seguros donde la gente pueda ser y existir sin miedo”, concluyó Villegas.




