Por: Héctor Calderón
Está claro que uno de los planes que sí tiene el gobierno es asfixiar y acorralar a los gobiernos autónomos descentralizados. Ya no solo es la reforma al COOTAD que limita el gasto descentralizados inversión y la capacidad de municipios y prefecturas para invertir en educación, salud, cultura, emprendimiento, y otros temas de índole social.
Tampoco bastó con que se adelanten las elecciones secciónales sin justificación de peso y con el firme interés de afectar a las alcaldías y prefecturas más grandes y que tienen a autoridades de la oposición. Menos les importó hacer que la tasa de recolección de basura ya no se cobre en la planilla de luz eléctrica afectando a la recaudación y planificación de los GAD; y peor aún dejar a los municipios sin la capacidad de realizar la recolección de residuos en los horarios del toque de queda afectando, sobre todo en ciudades grandes, a una planificación que busca no caotizar la ciudad; pero, nada les importa.
Y la cereza del pastel. El gobierno anunció que ya cumplió el plazo para las compensaciones que se entregaron a los transportistas para cubrir el incremento del diésel y que ahora está en la cancha de los municipios determinar si se eleva o no el pasaje del transporte público. Ahora sí, porque les conviene, se hacen los respetuosos con las competencias territoriales.
Está claro que el gobierno de Daniel Noboa quiere dejar sin capacidad de maniobra a las alcaldías, él no quiere ser el único que no gestiona, sino que hace todo lo posible para que alcaldes y prefectos tampoco lo hagan, asfixiándolos, persiguiéndolos y dejándolos sin recursos. ¿Dónde están la asociación de municipalidades, el consejo de gobiernos provinciales? De alfombra. Los gremios se han convertido en alfombra del poder. Los unos contentando a alcaldes de ciudades pequeñas con viajes al exterior y viáticos; y los otros con un silencio cómplice e infame.
Dejarle el tema del transporte público a los municipios cuando el problema fue causado por la decisión de Noboa de quitar el subsidio al diésel, incumpliendo su palabra y oferta de campaña, es vergonzoso.
Y mientras el Gobierno se lava las manos y traslada el costo político a los municipios, millones de ciudadanos seguirán pagando las consecuencias de decisiones improvisadas, centralistas e irresponsables. Porque cuando no hay gestión, se busca culpables; cuando no hay resultados, se sabotea a otros.
Lo que vive el Ecuador no es coordinación entre niveles de gobierno, es un intento deliberado de debilitar a quienes también fueron elegidos por el pueblo y si están cumpliendo su trabajo. Gobernar no es perseguir alcaldes ni asfixiar prefecturas. Gobernar es resolver los problemas de la ciudadanía. Y en eso, Noboa sigue debiendo y demasiado.




