Un informe del Banco Mundial advierte que la vulnerabilidad económica en Ecuador sigue siendo alta. El documento, titulado “Ecuador: Impulsando la prosperidad, evaluación de la pobreza y la desigualdad”, señala que tres de cada diez ecuatorianos están identificados como vulnerables a la pobreza, es decir, que se enfrentan a un 50% de probabilidad de caer en la pobreza en dos años, o a un 29% en un año.
El organismo recalca que la clase media se ha estancado en torno al 40% de la población y que la desigualdad, con un índice de Gini de 0,463 en 2024, supera el promedio regional.
Mercado laboral precario y efectos del cambio climático
El estudio atribuye la persistencia de la pobreza a la mala calidad del empleo, la informalidad y la desconexión entre educación y productividad. Aunque el desempleo es bajo, la mayoría de los trabajadores enfrenta ingresos insuficientes y escasas oportunidades de movilidad social.
El Banco Mundial también alerta sobre los impactos del cambio climático y fenómenos como El Niño y La Niña, que golpean con más fuerza a los hogares rurales, indígenas y encabezados por mujeres. Estos grupos, según el organismo, carecen de mecanismos de adaptación y quedan más expuestos a desastres naturales.
El informe recomienda reformas estructurales en el mercado laboral, un sistema de protección social más amplio y flexible, y medidas de resiliencia climática, para evitar que la vulnerabilidad derive en un aumento sostenido de la pobreza en los próximos años.
Ajustes urgentes sugeridos por el BM
El Banco Mundial recomendó algunas acciones urgentes al país, que giran en torno a la importancia de que diversifique sus motores de crecimiento para lograr una reducción sostenida de la pobreza y convertirse en país de ingresos altos. Entre las acciones se encuentran:
- Fortalecer el mercado laboral y mejorar la calidad de los empleos.
- Las personas pobres a menudo consiguen empleos de baja calidad, caracterizados por altos niveles de informalidad, trabajos independientes o son subempleadas, normalmente en sectores de baja productividad. Además, pocos ecuatorianos —aún menos la población pobre— poseen las habilidades necesarias para que las empresas nacionales compitan a nivel mundial, lo que es esencial en una economía pequeña, abierta y dolarizada. Por otro lado, la estructura macroeconómica y la rigidez del mercado laboral sofocan el crecimiento productivo.
- Ampliar y mejorar las oportunidades laborales para las personas pobres. Un progreso económico sostenible requiere más que solo la creación de empleo: exige el desarrollo de empleos de mayor calidad, estables y bien remunerados.
- Las políticas deben priorizar la atracción de inversiones y el apoyo a empresas, mediante normas y leyes que reduzcan los obstáculos para acceder a un empleo formal y que fomenten un entorno regulatorio estable.
- Es esencial preparar a los trabajadores para los sectores emergentes, lo cual se puede fomentar mediante mensajes y reconocimientos para estudiantes en escuelas secundarias y becas para educación continua.
- Protección social: soluciones sencillas para cerrar brechas cruciales.
- Fortalecer la legitimidad y la eficacia de las intervenciones de asistencia social si se aumenta el conocimiento de la población. Una campaña de concienciación pública, amplia y transparente, que comunique claramente las condiciones y los beneficios a la población, reforzaría la legitimidad y la eficacia del sistema de protección social considerablemente.
- La eliminación de incentivos negativos no deseados, como condición estricta de que los beneficiarios permanezcan debajo de la línea de pobreza para no ser expulsados del sistema contributivo, desalientan a los beneficiarios actuales a mejorar sus condiciones de vida o a buscar un trabajo formal.
- La creación de un sistema de seguridad social flexible fomentaría una mayor inclusión. Los trabajadores independientes o de pequeñas empresas, carecen de la cobertura que la protección social contributiva y no contributiva ofrecen, porque no cumplen con los requisitos para acceder a la asistencia social ni tienen las posibilidades ni los incentivos para contribuir a la seguridad social en sus regímenes actuales.
Potenciar la resiliencia ante impactos
- Identificar los hogares que viven en pobreza y vulnerabilidad y que están fuera de los sistemas de protección social. Es sorprendente que un tercio de los hogares pobres no estén cubiertos por estos sistemas, lo que los deja aún más expuestos ante las catástrofes climáticas.
- Identificar y promover estrategias alternativas de financiamiento y gestión de riesgos que se adapten a las necesidades de las personas pobres y vulnerables.
- Hacer una transición hacia una infraestructura resiliente, lo cual es importante para aumentar la resiliencia de los hogares. Por ejemplo, Ecuador podría promulgar códigos de construcción para promover la adopción de soluciones de infraestructura que sean óptimas ante inundaciones, calor extremo y otros peligros.
La pobreza se concentra en las zonas urbanas
Los hogares urbanos tienen una mayor probabilidad de ser pobres, lo cual indica que la pobreza se ha convertido en un fenómeno predominantemente urbano, aunque con grandes heterogeneidades.
La pobreza urbana cayó de 24,3% en 2007 a 16,4% en 2014; sin embargo, la proporción de personas pobres que viven en ciudades creció de 44 a 49,6% durante el mismo periodo. Hubo una breve reducción de la pobreza en 2019 a medida que los trabajadores pasaron al sector agrícola; no obstante, la pandemia del Covid-19 revirtió esta tendencia, explica el Banco Mundial.
En 2020, la pobreza urbana creció hasta 52,4% debido a que los trabajadores informales perdieron sus medios de vida a causa del confinamiento. A pesar de que la economía se ha recuperado ligeramente, la tasa de pobreza urbana en 2024 fue más alta que en 2014 (16,4 versus 20,9%).
Consulte aquí el informe del Banco Mundial:
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