OPINIÓN PORTADA

La causa Palestina | Opinión

Por: Felipe Pesantez

“el sionismo había perdido de vista el objetivo que lo había acompañado desde el principio: transformar la vida de los judíos en la diáspora” Hannah Arendt

¿Qué sucede con la comunidad internacional que le cuesta tanto reconocer oficialmente que en Palestina se está cometiendo genocidio?

Esta pregunta resuena con particular fuerza después de que el 31 de agosto de 2025 la Asociación Internacional de Académicos del Genocidio declarara por primera vez que “las políticas y acciones de Israel en Gaza cumplen con la definición legal de genocidio del Artículo II de la Convención de las Naciones Unidas para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (1948)”. Sin embargo, el silencio ensordecedor de gran parte de la comunidad internacional (incluyendo Ecuador) ante esta declaración académica evidencia una resistencia que trasciende lo jurídico para adentrarse en terrenos geopolíticos donde los intereses estratégicos parecen pesar más que los derechos humanos fundamentales.

La negativa de Estados Unidos a reconocer que Israel está cometiendo crímenes de lesa humanidad contra los gazatíes ilustra perfectamente esta paradoja del derecho internacional contemporáneo. Mientras las evidencias se acumulan día tras día, la potencia norteamericana mantiene su respaldo incondicional a Israel, proporcionando no solo cobertura diplomática sino también el armamento que posibilita la continuación de estas políticas. Esta posición contrasta dramáticamente con la rapidez con la que Washington señala violaciones de derechos humanos en otros contextos geográficos, revelando una aplicación selectiva de los principios que supuestamente defiende.

La Convención de las Naciones Unidas es inequívoca: genocidio implica “la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso” a través de cinco mecanismos específicos.

El primero, matar a miembros del grupo, se materializa diariamente en Gaza donde más de 60,000 palestinos han perdido la vida, siendo el 24% de ellos menores de edad. Estos no son “erros involuntarios”; la sistematicidad de los ataques contra población civil, incluyendo el asesinato deliberado de 74 periodistas palestinos, revela una intencionalidad que va más allá de objetivos militares legítimos.

El segundo mecanismo genocida, causar lesiones graves a la integridad física o mental de los miembros del grupo, se evidencia en los 52,214 palestinos que han sufrido lesiones relacionadas con el conflicto en lo que va de 2025, con el 25% enfrentando pronósticos de recuperación de largo plazo.

Pero las lesiones físicas son solo la punta del iceberg; las cicatrices psicológicas de una población entera sometida a bombardeos constantes, desplazamiento forzoso y la pérdida sistemática de seres queridos constituyen un trauma colectivo que marcará generaciones. Miles de niños amputados en Gaza no solo han perdido extremidades; han perdido la posibilidad de una infancia normal, convirtiéndose en símbolos vivientes de una política que busca quebrar el espíritu de resistencia de todo un pueblo.

El tercer elemento genocida, someter deliberadamente al grupo a condiciones de existencia que acarreen su destrucción física, se manifiesta de manera particularmente cruel en el uso de la hambruna como arma de guerra. Cuando 640,000 personas sufren hambruna y más de un millón se encuentra en situación de emergencia alimentaria, cuando 71,000 menores de cinco años padecen desnutrición aguda y 14,000 bebés están al borde de la muerte, cuando 34 personas ya han fallecido por inanición mientras el 98% de las tierras de cultivo permanecen dañadas, estamos ante una estrategia deliberada de exterminio por inanición. El bloqueo de 600 camiones con ayuda humanitaria, permitiendo el ingreso de apenas 100 con 55,600 toneladas de alimentos, no puede explicarse por consideraciones de seguridad; responde a una lógica de castigo colectivo que busca hacer insostenible la vida misma en Gaza.

La destrucción sistemática de la infraestructura vital complementa esta estrategia genocida. Cuando se bombardean 425 colegios y universidades, cuando se destruyen 19 hospitales, cuando se arrasan 250 refugios y se inutiliza completamente la red de carreteras de Gaza, el mensaje es claro: no habrá futuro posible para los palestinos en su tierra ancestral. La devastación de los sistemas de agua y saneamiento, que ha afectado a 727,909 personas con enfermedades como hepatitis A, especialmente niños, constituye una forma de genocidio silencioso que mata lentamente, fuera de los reflectores mediáticos.

El cuarto mecanismo genocida, imponer medidas destinadas a impedir nacimientos, se materializa cuando 3,500 niños gazatíes con enfermedades crónicas ven cancelados sus permisos para recibir tratamiento médico en Cisjordania. Sin acceso a atención médica especializada, muchos de estos menores enfrentarán complicaciones que podrían resultar fatales o limitar severamente sus capacidades reproductivas futuras. La destrucción del sistema sanitario no es casualidad; forma parte de una estrategia integral que busca hacer inviable la continuidad demográfica palestina.

El quinto elemento, trasladar por la fuerza a niños del grupo a otro grupo, si bien menos visible que otros aspectos del genocidio gazatí, se evidencia en las detenciones masivas que han afectado a 10,000 palestinos, incluyendo cientos de menores. De estos detenidos, el 51% permanece sin cargos ni juicio, el 34% bajo detención administrativa y el 19% bajo la controvertida ley de combatientes ilegales.

La situación en Cisjordania complementa este cuadro genocida con una estrategia de colonización acelerada que busca hacer irreversible la apropiación del territorio palestino. Los 43 nuevos asentamientos israelíes establecidos recientemente, que se suman a los más de 330 ya existentes, junto con la confiscación de 2,400 hectáreas de tierra palestina y el establecimiento de más de 793 puestos de control, configuran un apartheid geográfico que fragmenta y estrangula la vida palestina. Las 487 muertes palestinas durante redadas militarizadas, incluyendo 90 menores, demuestran que la violencia sistemática no se limita a Gaza sino que forma parte de una política integral de control y eliminación.

La comparación histórica que algunos establecen entre las políticas nazis contra los judíos y las políticas sionistas actuales contra los palestinos no es casual ni exagerada. Ambos procesos comparten elementos estructurales: la deshumanización sistemática del grupo objetivo, la implementación gradual de medidas restrictivas que van escalando en violencia, la creación de guetos (Gaza como el gueto más grande del mundo), el uso de la propaganda para justificar lo injustificable, y la búsqueda de una “solución final” al “problema” que representa la existencia misma del grupo perseguido. La diferencia fundamental radica en que mientras el Holocausto se desarrolló en la clandestinidad y el secreto, el genocidio palestino se ejecuta bajo la mirada del mundo entero, protegido por el poder mediático y la complicidad internacional.

No debe caber espacio para la nomalización de la violencia ni mucho menos de actos genocidas de países socios de Ecuador, es importante entender que la violación sistemática de derechos humanos y actos genocidas al pueblo palestino no empezaronn en octubre del 2023, sino que la causa palestina tiene más de 90 años. No caigamos en el horror de minimizarlo frente al holocausto judio, y tengamos el coraje de medirlo con la misma varilla que usó en los Juicios de Nuremberg.

Entendamos a un pueblo que está sufriendo genocidio

“Si quieren escuchar a los palestinos ahora, respeten nuestro llamado: sanciones inmediatas a Israel, detener la venta y el flujo de armas que siguen matando y respetar el derecho palestino a la autodeterminación.” Ahmad Ibsais (The Guardian, 2025)

La opinión de Felipe Pesántez

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