Por: Héctor Calderón
Hay algo en lo que Daniel Noboa y su gobierno son buenos y es el arte de la distracción. El Ecuador vive en medio de una montaña rusa, con escándalo tras escándalo y una permanente confrontación.
Noboa vive de eso. Vive de la polarización, el conflicto, el marketing. Esa es la única forma de ocultar su incapacidad, su negligencia. Solo esta semana el gobierno nos ha tenido hablando del diésel, de la minería, de Correa (como siempre), de la Corte Constitucional, del Expreso, del gimnasio de Noboa y, para cerrar con broche de oro, de una Asamblea Constituyente.
Noboa ha entendido que la única forma de sostenerse no es gobernando por el bien común, sino manteniendo al país en un permanente estado de campaña electoral, en el que llueven la demagogia, los engaños, la persecución y el permanente conflicto.
“Yo quité el subsidio del diésel, pero Correa también lo quiso hacer”, “a qué le tiene miedo la Corte Constitucional”, “alcalde de Cuenca y prefecto de Azuay deberán asumir las consecuencias”, “los GAD deberán decidir sobre el alza de los pasajes”, “la marcha de Cuenca fue política”; son algunas de las perlas del gobierno que también ha encontrado en la lavada de manos una técnica para traspasar las consecuencias de sus acciones y omisiones a otros.
El anuncio sobre una asamblea constituyente es exactamente lo mismo, un distractor. Noboa cae en las cifras de aceptación y credibilidad; y busca llevar la atención a un espacio en el que ha demostrado tener éxito, el del marketing, la campaña. El problema de todo esto es que Noboa ya ganó 2 elecciones, ya es presidente y en eso no es exitoso.
Ahora, Daniel Noboa y ADN nos quieren embarcar en otra campaña que nos llevará a más de lo mismo. ¿Qué gana el país con una constituyente? ¿Qué objetivo de país, aparte de su enfermiza fijación con Rafael Correa, tiene quien impulsa la constituyente?
La situación del país es tan grave y los recursos son tan escasos, que todos los esfuerzos del Gobierno, sea de Noboa o cualquier otro, deberían estar encaminados en generar más oportunidades a nuestros niños y jóvenes, en brindar un servicio de salud digno, en entender que para combatir el crimen organizado hay que trabajar por una sociedad equitativa, donde se promueva la dignidad y la justicia social. ¿Para esto se necesita una constituyente? Claro que no. Se necesita la voluntad política y la capacidad para gobernar por el bien común.
La opinión de Héctor Calderón




