Cuatro personas fallecieron durante los disturbios del 6 de enero en el Capitolio de EE.UU. Foto: Internet

¿Un capítulo nefasto para la democracia de EE.UU.?

Donald Trump ha sido señalado como el responsable de la situación generada el 6 de enero de 2021 en el Capitolio de EE.UU. con el ingreso de sus partidarios a ese reciento cuando los congresistas validaban los resultados de las elecciones ofrecidos por el Colegio Electoral.

Los sucesos dejaron un saldo de cuatro personas fallecidas. Otras 13 resultaron heridas y  52 fueron arrestadas.

Entre los críticos del republicano se menciona que azuzó a sus votantes a la violencia, al insistir todo el tiempo en que le robaron las elecciones en un fraude consumado.. Esa denuncia no fructificó en el proceso judicial. Esto es visto como un mal precedente del sistema democrático de ese país.

Un día después de los hechos hubo congresistas demócratas que pidieron la destitución de Trump, antes de que termine su mandato el día 20 de enero. En esa fecha será la posesión de Joe Biden como presidente de EE.UU.

Los legisladores enviaron una carta al vicepresidente Mike Pence exhortándolo a iniciar los procedimientos de la Enmienda 25 para destituir a Trump. Esta cláusula establece la incapacitación del presidente por razones de salud física o mental.

¿Qué pasó 1 día después?

Al amanecer del 7 de enero, Trump reconoció el final de su mandato en la Oficina Oval y prometió que habría una ‘transición ordenada de poder’.

Sin embargo, ya el daño a la democracia estaba hecho. Ello se reflejó en la posición de varios integrantes de sus colaboradores que incluso presentaron su dimisión.

Al respecto, el presidente electo, Jose Biden, quien fue finalmente confirmado en la sesión retomada del Congreso, se refirió a estos hechos. “Lo que presenciamos ayer no fue disensión, fue desorden. No eran manifestantes, eran alborotadores, insurrectos y terroristas nacionales”, aseveró. Añadió que EE.UU. no es eso exactamente.

Joe Scarborough, comentarista de la cadena MSNBC, pidió el arresto por insurrección de Trump, su abogado Rudy Giuliani y Donald Trump Jr., hijo del jefe de la Casa Blanca. “Si estos insurrectos fueran negros, les hubieran disparado en la cara, y si fueran musulmanes, recibirían disparos desde lo alto de los edificios, señaló.

Los sucesos llevaron a la renuncia de Matt Pottinger, asesor adjunto de seguridad nacional de Trump. El asesor de seguridad nacional, Robert O’Brien, también consideró la posibilidad de dimitir, pero no lo hizo. En tanto el exjefe de gabinete de la Casa Blanca, Mick Mulvaney, ahora enviado a Irlanda del Norte, también anunció su renuncia.

Stephanie Grisham, exsecretaria de prensa de Trump que se desempeñó como jefa de gabinete de la primera dama Melania Trump, también dimitió al cargo.

Debido a esta situación, la alcaldesa de Washington (EE.UU.), la demócrata Muriel Bowser, extendió durante 15 días más el estado de emergencia pública en la capital, hasta la toma de posesión del ganador de las elecciones.

¿Cómo lo vio el mundo?

El secretario general de la ONU, António Gutérres, dijo estar entristecido por los eventos en el Capitolio, expresó su portavoz Stéphane Dujarric.

En similares términos se manifestó  el presidente de la Asamblea General de la ONU en su 75 período de sesiones, Volkan Bozkir.

La Cancillería rusa calificó de arcaico el sistema electoral estadounidense al señalar que es incapaz de responder a los estándares actuales de democracia. Esto crea condiciones para múltiples violaciones, según declaraciones a la prensa de la vocera gubernamental, María Zajarova.

La Comunidad del Caribe (Caricom) dijo que se vivieron escenas sin precedentes y grave afrenta a la democracia el asalto al edificio del Congreso.

En una declaración el titular de Caricom, Keith Rowley, manifestó profunda tristeza y preocupación por lo que consideró una grave afrenta a la democracia y el estado de derecho en un país.

Otros altos dignatarios caribeños como el primer ministro de Dominica, Roosevelt Skerrit y la canciller de Jamaica, Kamina Smith, hicieron votos por un cambio de mando pacífico.