El fenómeno de El Niño ya está presente y, aunque en la Costa ecuatoriana suele estar asociado con lluvias intensas e inundaciones, en sectores de la Sierra podría provocar el efecto contrario: menos precipitaciones, sequías, heladas e incendios forestales, con posibles impactos sobre los cultivos, las fuentes de agua y la generación hidroeléctrica.
El Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (Inocar) confirmó que el océano frente a Ecuador registra temperaturas superiores a lo normal y señaló que, junto con el Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno de El Niño (CN-ERFEN), mantiene vigilancia sobre su evolución.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) también señala que El Niño está firmemente establecido y continuará intensificándose. Sus pronósticos sitúan en casi 100 % la probabilidad de que persista hasta febrero de 2027 y anticipan que podría alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026.
Los Andes pueden dividir los efectos de El Niño
El oceanógrafo Franklin Ormaza explicó recientemente al canal Ecuavisa que la cordillera de los Andes influye directamente sobre el desplazamiento de los vientos y la humedad procedentes de la Costa y la Amazonía. “Los Andes tienden a ser una especie de represa de vapor de agua”, explicó.
Esta barrera natural puede provocar escenarios diferentes incluso dentro de la propia región interandina. Según el especialista, la vertiente occidental de los Andes podría registrar un aumento de las precipitaciones, mientras hacia el este podrían disminuir las lluvias. Esto significa que mientras determinadas zonas enfrentarían exceso de agua y deslizamientos, otras podrían sufrir déficit hídrico.
Sequías podrían afectar cultivos y fuentes de agua
Una reducción prolongada de las precipitaciones representa un riesgo para las zonas agrícolas que dependen directamente de las lluvias o de sistemas de riego abastecidos por ríos y otras fuentes naturales.
Entre las actividades que podrían verse afectadas está la producción de papas, legumbres y otros productos agrícolas de la Sierra.
Los páramos también podrían sufrir las consecuencias de períodos secos prolongados debido a su importancia para la regulación y almacenamiento del agua.
El impacto no sería uniforme. Ciudades y provincias de la Sierra pueden registrar condiciones distintas dependiendo de su ubicación, altitud y relación con las masas de humedad.
Heladas e incendios forestales, otros riesgos
La reducción de las lluvias también podría favorecer otros fenómenos. Ormaza explicó que las noches despejadas pueden ocasionar descensos importantes de temperatura en las zonas altas.
Las heladas representan una amenaza especialmente para determinados cultivos. Al mismo tiempo, períodos prolongados de baja humedad pueden aumentar las condiciones favorables para incendios forestales en páramos y otras zonas de vegetación.
La OMM advierte que un El Niño muy fuerte puede alterar significativamente los patrones de lluvia y temperatura y aumentar los riesgos de sequías, inundaciones y calor extremo. Sin embargo, enfatiza que la intensidad del fenómeno no determina por sí sola la gravedad de sus efectos en cada país o región.
Menos lluvias también pueden presionar al sistema eléctrico
Otra preocupación está relacionada con la generación hidroeléctrica. Una disminución de las precipitaciones puede reducir los caudales de las cuencas que alimentan a las centrales, especialmente si coincide con períodos de estiaje.
El escenario adquiere relevancia debido a la dependencia de Ecuador de la generación hidroeléctrica y a las recientes reducciones de caudales registradas en algunas cuencas.
Por ello, un déficit prolongado de precipitaciones podría aumentar la presión sobre la disponibilidad de agua destinada tanto al consumo y la agricultura como a la producción eléctrica.
Deslizamientos podrían complicar conexión entre Costa y Sierra
En la vertiente occidental de los Andes, el problema podría ser completamente diferente. El aumento de las precipitaciones incrementaría el riesgo de derrumbes y deslizamientos en las carreteras que conectan la Costa con la Sierra, especialmente en zonas con pendientes pronunciadas.
“El mayor impacto que va a hacer es en el transporte realmente”, sostuvo Ormaza. Los cierres viales también podrían repercutir sobre la economía. Una interrupción prolongada dificultaría el traslado de productos agrícolas desde la Sierra y podría reducir su disponibilidad en otros mercados.
Esto podría generar pérdidas para productores que no logren comercializar sus cosechas y, simultáneamente, presiones sobre los precios para los consumidores.
OMM advierte que El Niño podría ser muy fuerte
Las condiciones internacionales refuerzan las advertencias sobre la necesidad de preparación. La OMM informó el 3 de septiembre que las temperaturas superficiales del Pacífico tropical se encuentran excepcionalmente elevadas. El índice Niño 3.4 pasó de una anomalía promedio de +1,5 °C entre mayo y julio a +2 °C en julio, mientras valores semanales posteriores alcanzaron aproximadamente entre +2,2 °C y +2,6 °C.
El organismo prevé que el evento continúe fortaleciéndose durante los próximos meses y alcance su máximo hacia finales de 2026, aunque sus impactos climáticos podrían extenderse durante 2027.
La OMM también advierte que un El Niño muy fuerte no produce los mismos efectos en todas las regiones, pues intervienen la ubicación, la época del año y otros factores oceánicos y atmosféricos.
Para Ecuador, esto implica prepararse simultáneamente para escenarios distintos: exceso de lluvias e inundaciones en algunas zonas y sequía, disminución de caudales, heladas e incendios forestales en otras.




